Campaña LXI Manos Unidas, 2020

El modelo de vida dominante, nuestro consumismo, las estructuras de poder y la cultura del derroche, provocan, como señala el papa Francisco, el deterioro medioambiental y las crisis humana y social que lo acompañan y refuerzan (Laudato si’).

La pérdida de biodiversidad, la contaminación o la sobreexplotación de los recursos naturales destruyen la creación y provocan pobreza, dolencias, hambre y sed que sufren, sobre todo, las comunidades más vulnerables.

Nuestro modelo de desarrollo se extiende a nivel global y descansa sobre un sistema de producción y un estilo de vida y consumo que deja improntas en dos dimensiones importantes:

La social, puesto que a pesar de que el sistema es capaz de generar un gran crecimiento económico, este se traduce en el enriquecimiento de unos cuántos y el empobrecimiento de muchos.
El ambiental, que significa un deterioro importante del medio ambiente.

Ambas dimensiones nos afectan a todos, pero fundamentalmente a los más empobrecidos, a los excluidos de las ventajas económicas del sistema y a los que más sufren las consecuencias del deterioro medioambiental, aquellos los derechos de los cuales son violados con mayor asiduidad.

Si bien nuestro modelo de desarrollo en cuanto a la economía ha demostrado ser capaz de generar riqueza, este crecimiento económico se ha distribuido de manera muy desigual, y así ha generado injusticia social, tanto dentro de los países como entre estos.

Por todo esto, denunciamos que nuestro modelo de desarrollo es insostenible, crea desigualdad y pobreza.

Como alternativa, promovemos una cultura ecológica: ser inquilinos y cuidadores en lugar de amos y dominadores del mundo; luchar por la vida digna de todas las personas; considerar las consecuencias medioambientales de nuestras iniciativas; gestionar de manera integral los recursos naturales; comprometernos con los pequeños agricultores y la agroecología y apoyar a los inmigrantes que se han visto obligados a dejar sus hogares por causas medioambientales.