(08/09/2019) La fiesta de la Natividad de María

El día 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de la Virgen María, es conocido popularmente en Cataluña como la fiesta de las “maresdedéus trobades”. En este día es habitual en muchos lugares hacer romerías, encuentros y procesiones en los santuarios marianos y en los pueblos donde celebran su Fiesta Mayor

 

En los Evangelios canónicos no encontramos datos sobre el nacimiento de María, aunque se conservan diversas tradiciones. Unas nos transmiten que es descendiente de David y nació en Belén; según otras, su nacimiento acaeció en Nazareth. También desde el siglo V, aproximadamente, existía en Jerusalén un santuario mariano situado junto a los restos de la piscina probática. Allí, bajo la iglesia románica construida por los cruzados, se hallan los restos de una basílica bizantina y unas criptas excavadas en la roca que, según la tradición, parecen haber formado parte de una vivienda que se ha considerado como la casa en la que nació la Virgen María.

 

La celebración de la fiesta de la Natividad de la Santísima Virgen María es conocida y celebrada en las comunidades cristianas de Oriente desde el siglo VI. Fue fijada el 8 de septiembre, día con el que se inicia el año litúrgico bizantino, que a su vez se clausura con la fiesta de la Dormición de la Virgen María, en agosto. En Occidente fue introducida hacia el siglo VII. En Roma se celebraba con una peregrinación a la Basílica de Santa María la Mayor que culminaba con la Santa Misa. Actualmente, es la fiesta patronal de muchísimos santuarios.

 

San Andrés de Creta (+740), en una célebre homilía sobre la fiesta de la Natividad de María, reflexiona sobre el sentido y el contenido más profundo de esta fiesta. El marco es el designio divino de salvación de la humanidad, en el que la Virgen María queda vinculada al misterio de Cristo, poniendo su persona y su vida en relación absoluta a Cristo, en particular a su encarnación: «El misterio del Dios que se hace hombre y la divinización del hombre asumido por el Verbo representan la suma de los bienes que Cristo nos ha regalado, la revelación del plan divino y la derrota de toda presuntuosa autosuficiencia humana. La venida de Dios entre los hombres, como luz esplendorosa y realidad divina clara y visible, es el don grande y maravilloso de la salvación que se nos concede. La celebración de hoy honra la Natividad de la Madre de Dios. Pero el verdadero significado y el fin de este evento es la encarnación del Verbo. De hecho, María nace, es amamantada y educada para ser la Madre del Rey de los siglos, de Dios».

 

Un aspecto muy importante de esta fiesta es la invitación que nos hace a la alegría, porque Dios Nuestro Señor, con el nacimiento de María, proporciona al mundo la garantía de que la salvación es ya inminente, porque el nacimiento de María prepara la encarnación y nacimiento de Jesús. «Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos»  (Gal  4, 4-5). Dios elige a María, concebida sin pecado original, que nace en silencio y discreción, que deviene esperanza para el mundo porque de ella nacerá Jesucristo.

 

Hoy es, pues, un día propicio para hacer memoria de la historia de la salvación y contemplar el lugar que ocupa María en el plan salvífico de Dios. Conscientes de nuestra pobreza y pequeñez, nos ponemos bajo su intercesión de Madre en el nuevo curso que acabamos de comenzar. Ella será la estrella luminosa que nos guíe y acompañe, el modelo de peregrinación de la fe,  la causa de nuestra alegría para superar las dificultades y tristezas, el sostén para vivir con coherencia nuestra vocación de hijos de Dios, así como también la fuente de la verdadera salud.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa