“Con el Papa en la Sagrada Familia”


     Cuando esto escribo tengo ante mí un cartel que anuncia la visita del Papa a Barcelona este domingo 7 de noviembre. Sobre el fondo de la ciudad de Barcelona, destacan las torres del templo de Gaudí y en primer plano aparece la foto de Benedicto XVI con los brazos abiertos y gesto acogedor, como invitándonos a convertir en realidad el lema que encabeza el cartel: “Con el Papa en la Sagrada Familia”.

     Adelante, pues. Que no falte nuestra respuesta. Es grato, en ocasión de la visita de Benedicto XVI, constituir una gran asamblea cristiana presidida por el Santo Padre en este templo que todos admiramos y amamos, o a su entorno, pero con una participación bien activa en la celebración. Los cristianos han ido siempre a Roma para visitar al Papa, sobre todo en ocasión de los “Años Santos” a partir del 1300, aunque la tradición de peregrinar a Roma –como a Tierra Santa y a Santiago de Compostela- es mucho más antigua.

     En nuestra época se ha introducido un hecho nuevo. El Papa es quien visita las Iglesias locales. Inició esta costumbre el Papa Pablo VI, haciendo unos pocos viajes fuera de Italia. La continuó -¡y de qué modo!- Juan Pablo II, quien hizo de los viajes apostólicos una verdadera práctica pastoral, una “visita pastoral” del obispo de Roma a las Iglesias y a las poblaciones de más de 100 países del mundo entero. En Montserrat y en Barcelona, como muchas personas recordarán, estuvo el 7 de noviembre de 1982, hace ahora 28 años. Benedicto XVI sigue esta práctica pastoral de su predecesor, aunque tiende a hacer visitas más breves, pero también muy intensas, que incluyen celebraciones religiosas y mensajes pastorales.

     El año 1980, en un discurso a los miembros de la Curia Romana, Juan Pablo II definió magníficamente sus viajes: “Estos viajes –afirmó- son visitas realizadas a cada Iglesia local y sirven para mostrar el lugar que ocupan en la constitución de la Iglesia. Cada viaje del Papa es un auténtico peregrinaje al santuario vivo del Pueblo de Dios”.

     Ésta es la definición que nos da el verdadero sentido de las visitas apostólicas del Santo Padre. Es obvio que constituyen un acontecimiento ciudadano y un acontecimiento mediático, como se dice hoy. Pero, como cristianos, debemos vivirlos de acuerdo con su significado religioso, que es la dimensión fundamental.

     “En esta óptica –continuaba diciendo Juan Pablo II en el discurso antes citado- el Papa viaja, como Pedro, sostenido por la oración de la Iglesia entera (Hechos 12,5), para anunciar el Evangelio, para confirmar a sus hermanos en la fe, par animar y consolar a la Iglesia, para encontrarse con el hombre. Son viajes de fe, de plegaria, ocasiones de catequesis, de anuncio evangélico, viajes de amor, de paz, de fraternidad universal”.

     Os invito, por tanto, a acoger al Santo Padre que nos visita, a acompañarle con la oración, a participar en la ceremonia de la dedicación de la Sagrada Familia, si os es posible, y en todo caso a sintonizar con la visita gracias a la cobertura que ofrecerán los medios de comunicación. Y, sobre todo, a escuchar su palabra. Tanto en Santiago de Compostela como en Barcelona, él nos dejará un mensaje que puede ser muy fecundo para nuestra vida cristiana y para nuestro testimonio de Jesucristo en nuestra sociedad. Escuchémosle con actitud de profunda comunión con él en la fe y de agradecimiento por su visita.

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa