A VUELTAS CON LA CLASE DE RELIGIÓN (1)

El tema de la clase de religión es candente y complejo. No es la primera vez que me refiero a ella y no será seguramente la última. Ante la polémica suscitada, creo oportuno dedicar este escrito a la identidad de la enseñanza religiosa escolar. ¿En qué consiste realmente? La Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis publicó en 1979 el documento titulado "Orientaciones pastorales para la Enseñanza Religiosa Escolar". La definición que allí se da, creo que mantiene su vigencia 25 años después.

"En síntesis -afirma-, entendemos la enseñanza religiosa como materia escolar ordinaria, por ser exigencia de la escuela. La entendemos como confesional, entre otras razones, por ser derecho de los padres educar a sus hijos según sus propias convicciones. Y, finalmente, la concebimos como síntesis de fe y cultura ofrecida al alumno, por ser inseparable de la formación humana."

Creo que vale la pena explicitar un poco esta definición tan sintética. La enseñanza religiosa escolar se plantea y se ofrece desde la Iglesia a la sociedad, en primer lugar, como materia escolar ordinaria, es decir, una materia que contribuye a la formación integral de los alumnos, y con el carácter sistemático y académico de cualquier materia. Porque la escuela debe formar al alumno para que se sitúe críticamente ante la sociedad y de un modo apreciativo y al mismo tiempo crítico en su propia tradición cultural. También para que pueda dar una respuesta positiva al problema del sentido último de la vida.

En segundo lugar, la enseñanza religiosa escolar plasma en la práctica un derecho constitucional: el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus propias convicciones y creencias. De ahí deriva el derecho de los padres a exigir para sus hijos una formación religiosa en la escuela y el derecho de los niños y adolescentes a recibirla. Esta enseñanza está garantizada por la Iglesia católica, o por la confesión religiosa correspondiente, y ha de ser impartida desde una actitud creyente.

En tercer lugar, la enseñanza religiosa escolar ha de ser entendida como una síntesis de fe y cultura. La fe se vive siempre en el ámbito de una cultura determinada, y en el desarrollo humano del creyente han de integrarse armónicamente cultura y fe. La escuela es el marco privilegiado para que el alumno integre en su formación humana la dimensión religiosa. Así, el educando podrá realizar en su propia persona la síntesis entre la fe y la cultura en la que vive.

Por todo ello, la enseñanza religiosa escolar es, en sustancia, un servicio eclesial a partir del espacio escolar que el Estado facilita a la Iglesia. Puede parecer que el Estado, al actuar así, se pone al servicio de la Iglesia, pero en realidad no es a ésta a la que sirve sino a la sociedad, a los ciudadanos. La clase de religión es, por ello, una pieza pastoral de la Iglesia y una pieza del servicio que el Estado presta a la sociedad.

Hemos de concebir la clase de religión como una concreción de la misión de la Iglesia, llamada a ofrecer siempre a Cristo a la sociedad. Por eso no se limita a ofrecer una información sobre el fenómeno religioso o sobre la religiosidad en general.

La enseñanza religiosa escolar es una materia ordinaria, que habrá que evaluar adecuadamente; es una enseñanza confesional, de la responsabilidad de la Iglesia o de las religiones y confesiones correspondientes; es una materia que tiende a realizar la síntesis personal entre fe y cultura; y, por tanto, tiende a situar al educando en el camino de poder resolver el problema del sentido de la vida humana.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa