Claves de la espiritualidad del Padre Claret.

Con motivo del comienzo del bicentenario del nacimiento del gran misionero catalán san Antoni Maria Claret i Clarà (1807-1870), he dedicado dos de estos artículos semanales a recordar algunos rasgos de su personalidad y su intensa actividad. El padre Claret fue un trabajador incansable al servicio de Jesús y de su Iglesia. También en esto, el que fue en su juventud trabajador del ramo textil como tejedor, fue un ejemplo de la laboriosidad de los catalanes. En este tercer y último escrito deseo acercarme a su espiritualidad, que era el alma de toda su actividad.
 Cada día dedicaba mucho tiempo a la oración. Su austeridad era proverbial y su pobreza era ejemplar. Por un lado, hay que resaltar la dimensión ascética: era un hombre ordenado y metódico; todo en su horario tiene un tiempo prefijado; elabora un detallado plan de vida, según el cual no queda tiempo para la improvisación.
 La primera clave de la espiritualidad del padre Claret es el amor al santísimo sacramento de la Eucaristía, en la que centró su corazón durante toda su vida. Este amor le lleva a un deseo creciente de transformarse en otro Cristo, en un otro Cristo paciente y sacrificado.
 Desde niño participaba con frecuencia en la santa misa y hacía de Cristo, presente en la eucaristía, la fuente inspiradora de toda su vida. Escribe a este respecto: "Sentía cómo el Señor me llamaba y me concedía poder identificarme con él. Le pedía que hiciese siempre su voluntad. La vivencia de la presencia de Jesús en la eucaristía era tan profunda que no la sabría explicar. Sentía y siento su presencia tan viva y cercana, que me resulta violento separarme del Señor para continuar mis tareas ordinarias."
 Otra clave de la espiritualidad del padre Claret es la devoción a la Virgen María, Madre y Maestra, ya desde su infancia. La Virgen Santísima era para él la estrella que lo guiaba en su vida. Le gustaba orar ante su sagrada imagen del santuario de Fusimaña. De niño, todos los días rezaba una parte del rosario; de mayor rezaba diariamente los quince misterios que entonces tenía esta devoción. Confiesa que un día le pareció oír que la Virgen le decía: "Tú serás el Domingo de Guzmán de estos tiempos. Promueve el rezo del santo rosario."
 Claret inculcará a sus hijos espirituales la actitud contemplativa de María en la acogida de Aquel que es la Palabra, el Hijo de Dios hecho hombre; en su caridad y sencillez en transmitirla y en su adhesión al plan misericordioso de Dios, que lleva a estar activamente cerca de los pobres y los necesitados. Su ascética se centraba sobre todo en la negación de sí mismo, para ponerse en todo al servicio de Dios y de sus hermanos.
 Una tercera clave de la espiritualidad claretiana es su sentido eclesial. Él supo transmitir a sus hijos, como señal distintiva de su carisma, un profundo sentido eclesial, del que dio claras muestras durante toda su actividad como sacerdote y como obispo, en medio de las circunstancias no fáciles para la Iglesia de su tiempo. Su vivo amor a la Iglesia se manifiesta en la plena comunión y en la obediencia a los pastores, especialmente al Romano Pontífice.
 Pido al Señor que la celebración de su bicentenario nos ayude a imitar a nuestro gran misionero en la renovación de la fe en Jesús, en nuestra devoción a santa María y en nuestra entrega con nuevo ardor y mayor entrega a la tarea de la evangelización de nuestra tierra. Que el padre Claret nos lo obtenga de nuestro Señor Jesucristo.


+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa