Con Cristo, en el camino de Emaús

En el magisterio del Papa Francisco hay muchos puntos de interés, como podemos comprobar. Uno de ellos es la idea del camino. Recién elegido papa, en su primera homilía a los cardenales el 14 de marzo de 2013, como primer punto les habló del camino, “del caminar siempre en la presencia del Señor, a la luz del Señor, buscando vivir con aquel carácter irreprensible que Dios pedía a Abraham en su promesa”.

 

El Evangelio de este tercer domingo de Pascua es muy sugerente en este sentido: nos narra el camino que hace Cristo resucitado, como viajero de incógnito, acompañando a dos de sus discípulos que se dirigían desanimados desde Jerusalén hasta su aldea de Emaús. Ciertamente, a todos nosotros, hoy, puede tentarnos también el desánimo. Nos esforzamos por purificar y renovar la Iglesia y por adaptar los métodos pastorales a las nuevas necesidades de los hombres y mujeres de hoy. Pero a veces los resultados son  escasos.  Y ocurre que nos vemos reflejados en estas palabras que expresan el desaliento de los dos caminantes hacia Emaús: “Nosotros esperábamos que Él fuera el futuro liberador de Israel”.

 

Sólo Cristo nos puede dar la moral y el ánimo necesarios para seguir adelante. El Papa Francisco nos dice a menudo que sólo una fe que se exprese desde el corazón –como centro y núcleo de toda la persona- es capaz de devolvernos la voluntad de seguir caminando en la presencia del Señor, cada uno desde el cumplimiento de las obligaciones propias de su vocación y su estado.

 

Nuestra oración ha de ser siempre, en este sentido, la que pide a Cristo que no nos deje solos: “Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída”. Con Cristo cerca, si lo sabemos reconocer y entrar en comunión con Él, especialmente en su Palabra y en la Eucaristía, sin duda participaremos de aquella sensación de los dos discípulos: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?”

 

En este primer domingo de mayo, deseo invitaros también a vivir en este mes una renovada devoción y plegaria a María, la Madre de Jesús. Ella es modelo y guía para vivir el compromiso a lo largo del camino de nuestra vida, ya sea en los pequeños detalles del día a día, ya sea en las grandes ocasiones que se nos puedan presentar. Ella también tuvo que recorrer su camino de fe, que no estuvo exento de dificultades. Desde el momento de la anunciación vivirá una absoluta desinstalación, un éxodo, un ponerse en camino, con una confianza absoluta en Dios, porque ella ha creído que para Dios, ciertamente, no hay nada imposible. De ahí la felicitación que recibe de su prima Isabel: «¡Feliz tú, que has creído!» (Lc 1, 45).

 

En el acontecimiento de la encarnación María responde al ángel aceptando el plan de Dios y dando  su consentimiento humilde y generoso. En su respuesta no hay otra seguridad que su confianza en la Palabra de Dios. Responde con una fe absoluta  en este momento único e irrepetible de la historia de la humanidad. Y en este momento inicia un camino de fe y de unión con su Hijo que mantendrá  hasta el final. Ella es el icono de la Iglesia, y es la reina de los confesores; es decir, de aquellos que profesan la fe, en medio de las tribulaciones de este mundo y los consuelos de Dios. Que Ella nos acompañe en nuestro caminar cristiano de hoy.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa     

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa