Convertíos y creed

El próximo día 21 de febrero es el llamado Miércoles de Ceniza. Recibe este nombre porque en ese día los cristianos recibimos la ceniza sobre nuestras cabezas, y este acto de humildad se convierte para nosotros en una actualización de la conciencia de lo que somos y de lo que, desde la fe, estamos llamados a ser y a vivir, ahora y más todavía en la plenitud de la vida eterna.
 No faltará en nuestros ambientes quien opine que se trata de un rito muy anacrónico, propio de otros tiempos. Sin embargo, si atendemos al espíritu del rito, su mensaje dista mucho de ser un anacronismo algo folklórico o un romántico retorno a un pasado que ya no volverá. Seguramente el mejor camino para captar la significación de ese rito sean las palabras que dice el ministro de la Iglesia al imponer la ceniza: “Convertíos y creed en el Evangelio”. Es un rito que expresa un compromiso de conversión y el comienzo del camino cuaresmal. La Cuaresma es el tiempo propicio para crecer en la conciencia de participación en el misterio pascual de Cristo que comienza en el bautismo.
No iría mal que en esta Cuaresma reflexionásemos a fondo sobre lo que somos y sobre lo que estamos llamados a ser. Los teóricos de la inteligencia emocional, hoy tan en boga, nos recuerdan que la autoconciencia es el primer componente de dicha inteligencia. Según ellos implica una profunda comprensión de las emociones, los puntos fuertes, las flaquezas, las necesidades e impulsos de uno mismo. La autoconciencia también tiene que ver con la capacidad para comprender los propios valores y metas en la vida. Una persona muy autoconsciente sabe qué quiere y por qué, sabe también hasta dónde llegan sus posibilidades y una de sus cualidades es la sinceridad; por ello, hace una valoración auténtica y realista de sus propias capacidades y de las de los demás, a la vez que se esfuerza por ser honesto consigo mismo y con los demás.
 Es muy importante este factor de inteligencia emocional para rendir en el estudio y en el trabajo, para desarrollar las potencialidades que cada uno lleva dentro, así como para la colaboración con los demás. Pero para nosotros creyentes y cristianos, no se trata sólo de desarrollar una capacidad humana. Nuestra autoconciencia no se puede quedar en el nivel humano y natural de las cualidades, sino que hemos de hacer una parada en el camino, hemos de reflexionar, hemos de profundizar y ser conscientes de nuestra realidad más honda. Así podremos ir superando uno de los males presentes como es la superficialidad, la dispersión, la falta de reflexión.
 En esta Cuaresma es importante que lleguemos a entrar dentro de nosotros mismos, que recapacitemos, como hace el hijo pródigo de la parábola (cf. Lc 15, 17), para actualizar y tener bien viva la conciencia de nuestra realidad de hijos de Dios y de la llamada a vivir en consecuencia. No tengamos miedo a la reflexión, al conocimiento de uno mismo, al conocimiento de los demás, al conocimiento de Dios. No tengamos miedo de los cambios que tendremos que hacer en nuestra vida si dejamos que Cristo la ilumine con su luz. Ojalá que en cada Cuaresma fuéramos capaces de pulir, con la gracia de Dios, alguno de nuestros defectos. No tengamos miedo a la conversión. No seamos tan lúcidos analizando a los demás y tan ciegos a la hora de revisar la propia vida. Entremos en la Cuaresma con humildad, reavivando nuestra condición de hijos de Dios, seguramente con muchas limitaciones y pecados, pero llamados a la santidad.

+Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa