Cuaresma 2006: Inconformismo desde la esperanza

El próximo miércoles es el Miércoles de Ceniza. En este día comienza el tiempo litúrgico de la Cuaresma, es decir, el período de 40 días en que nos preparamos para vivir la Pascua, nos ejercitamos para participar con más conciencia en el misterio pascual de Nuestro Señor Jesucristo. Un tiempo de gracia, de purificación, de perfeccionamiento. El espíritu de este tiempo se resume en una palabra: conversión. Literalmente, conversión significa cambiar de vida, volverse hacia Dios. En la Palabra de Dios encontramos las prácticas que la Iglesia nos recomienda –oración, ayuno y compartir con el hermano-, que expresan la conversión con relación a sí mismo, con relación a Dios y con relación a los demás. La oración nos ayudará a ser conscientes de que sólo Dios es el fundamento de la vida, el centro. El llena la existencia, le da sentido incluso en el dolor. Dios es la riqueza auténtica que llena el corazón y que nos libera para prescindir de muchas cosas perfectamente prescindibles y para compartir con el hermano necesitado. Iniciamos la Cuaresma del año 2006 con la llamada a la conversión. Convertirse es afrontar una reforma profunda de la vida. Sobre todo se trata de dejarse cambiar por Dios, aunque por nuestra parte hemos de poner todo el esfuerzo e intensidad. Replantear cuál es la meta de mi vida, y cuál es el camino para alcanzarla. Plantear la vida desde Cristo como centro y fundamento al que subordinamos todos los demás valores: familia, trabajo, aficiones. Un cambio radical de mentalidad y de corazón. Un cambio que llega en el encuentro personal profundo con Cristo, porque Cristo nos fascina, nos atrae, nos enamora. Convertirse es dejarse cambiar el corazón, como le ocurre por ejemplo a Zaqueo. Convertirse es dejarse transformar por Cristo. El Miércoles de Ceniza es un día especialmente penitencial, en el que manifestamos el deseo personal de conversión a Dios. Al acercarnos a las iglesias a que nos impongan la ceniza, ya realizamos un acto de humildad y de deseo de cambio interior. La ceniza nos invita a ser conscientes de nuestra condición caduca y débil, de nuestra contingencia. Nos recuerda que somos mortales, débiles, que nos equivocamos a menudo y hemos de rectificar pidiendo perdón a Dios y al prójimo. La ceniza nos recuerda nuestra condición pecadora y también que estamos llamados a participar de la resurrección del Señor. Pero eso es algo que ya sabemos y que escuchamos año tras año. No es fácil encontrar motivación suficiente, aunque sabemos que precisamente las personas motivadas son las que sienten el impulso y la fuerza para luchar y superar las expectativas. Hay que probar, hay que intentar, hay que conseguir. Es muy importante proponerse objetivos y alcanzarlos. Las personas motivadas buscan retos, quieren aprender, crecer, desarrollar, aman el trabajo bien hecho. Además, manifiestan una energía ilimitada para hacer las cosas lo mejor posible. Y si esto es efectivo en un nivel humano, para conseguir objetivos humanos, cuanto más, desde la fe, hemos de evitar caer en el conformismo. En el momento de comenzar la Cuaresma no sólo hemos de plantear la consecución de algunos objetivos concretos, sino que también hemos de plantear seriamente dar pasos para alcanzar la excelencia, que para un creyente significa la perfección, la santidad. Con la gracia de Dios y con nuestra colaboración. Por eso hemos de comenzar la Cuaresma motivados, inconformistas, en definitiva, llenos de esperanza. +Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa