Cuaresma 2009. Crisis económica y conversión

Hemos comenzado el tiempo litúrgico de cuaresma en un año de profunda crisis económica y financiera. En diferentes ocasiones me he referido a esta situación, pero me parece que este tiempo cuaresmal es adecuado para retomar la reflexión y extraer algunas consecuencias a nivel personal, comunitario y social. Por las informaciones que  aportan, tanto  los párrocos como  los responsables de Cáritas, desde hace muchos meses se ha ido detectando un incremento de las personas que solicitan ayudas, y esta situación se agrava cada día más. Según Cáritas, en España hay más de 8 millones de pobres. Además, a la pobreza material, cada vez se van sumando otros tipos de pobreza  a causa de la soledad, de la falta de afecto, de energías físicas, de futuro, de sentido, etc; unas pobrezas que degradan poco a poco a las personas.

Benedicto XVI en su primera encíclica planteaba la cuestión de la solidaridad y la ayuda desinteresada al prójimo como forma de amor. “Este amor ha de manifestarse en el nivel personal, de cada creyente, y también como un acto de la comunidad, como un acto eclesial y organizativo”.

Recientemente, hemos tenido un encuentro de reflexión de los obispos de Cataluña con teólogos, filósofos y economistas, con la finalidad de ofrecer una palabra eclesial ante la crisis económica. De los aspectos allí tratados me llamó la atención la insistencia de un profesor de economía, el Dr. Pastor,  en el tema de la “confianza”. Coincidía con el análisis que Eusebi Cima, buen amigo y miembro de Consejo Diocesano para los Asuntos Económicos, nos había ofrecido en la última reunión. El factor principal en una situación de crisis es la confianza.

La crisis económica actual es profunda y afecta a toda la economía mundial. El riesgo principal sería que se cayera en una depresión. Por eso es muy importante crear expectativas en las familias, en las empresas, en las instituciones, para que haya movimiento económico. Hay que mantener la maquinaria en marcha, frenar el paro, repartir las pérdidas de una manera tolerable para las diferentes partes. Hay que diversificar para que la economía no dependa tanto de algunos sectores. Hay que transformar la manera de producir. Hay que volver a un camino de crecimiento razonable y más lógico, y sobre todo, hay que generar confianza. Hay que tener confianza y transmitir confianza. La gente necesita confianza. Porque los recursos de la naturaleza continúan existiendo y porque las capacidades del ser humano no se han perdido. Allí se nos recomendó que hiciéramos nuestra personal aportación en orden a generar confianza en las personas y en las instituciones.

Hemos comenzado una nueva cuaresma, la cuaresma del año 2009. La Iglesia nos recuerda una vez más la necesidad de conversión y las prácticas de ayer, de hoy y de siempre -la oración, el ayuno y la limosna-, que nos enseñan y nos ayudan a dialogar con Dios y con el hermano, a vivir austeramente, y a vivir solidariamente. Este año con la particularidad de que nos hallamos en un contexto de crisis económica global. Ojalá que esta crisis sea ocasión para reflexionar, para sacar conclusiones, para caer en la cuenta de lo que estamos haciendo con nuestras vidas y las de los demás. No basta con hacer un diagnóstico rápido y buscar los remedios inmediatos y superficiales. Hay que descubrir las causas profundas y encontrar a su vez los remedios correspondientes, y aprovechar la ocasión para aplicarlos poniendo fundamentos de futuro.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa