Cuatro nuevos sacerdotes para nuestra diócesis

     Hoy impondré las manos a cuatro alumnos de nuestro Seminario Diocesano. He aquí sus nombres: Carles Matilla, Javier Marquínez, Sergio Rodríguez y Silvio Torregrossa. También hoy celebramos la única jornada de todo el año en que pedimos por la Iglesia diocesana. Es la llamada Jornada de “Germanor”, de fraternidad. Este año tiene un lema muy sugestivo y fundamental: “la Iglesia, comunidad de fe, de caridad y de esperanza”. Hoy damos cuenta de la economía de la diócesis, que es una realidad absolutamente transparente, llevada con el trabajo y el asesoramiento de laicos cristianos en todos los ámbitos, tanto a nivel de toda la diócesis como en los ámbitos de las parroquias y otras instituciones cristianas.

     Desde esta comunicación deseo expresar la gratitud de toda la diócesis y la mía personal al delegado episcopal de Economía, a los miembros del Consejo Diocesano de Economía y a todos cuantos nos ayudan en las cuentas de la Iglesia, a fin de que sean transparentes y que se esfuerzan en sensibilizar a todos a fin de que se sientan solidarios para poder disponer de aquellos medios económicos que la Iglesia necesita.

     Los recursos económicos son un medio para nosotros, a fin de que por falta de recursos no deje la Iglesia de cumplir su misión. No son en modo alguno un fin. No pretendemos acumular recursos. Tampoco podríamos, pues la realidad nos impone la austeridad. Lo que se recibe, sale y va a su destinación inmediatamente y con los asesoramientos de laicos a los que me acabo de referir. Mi gratitud a todos cuantos se sienten solidarios con la diócesis y nos aportan una ayuda económica utilizando las diversas formas con las que se puede hacer y de las que informa cada año en este domingo la Delegación diocesana de economía.

     El lema de la jornada de este año y la ordenación de cuatro nuevos presbíteros me lleva a recordar a mis diocesanos que una de las formas más valiosas de colaborar a que la Iglesia sea una “comunidad de fe, de caridad y de esperanza” es fomentar las vocaciones sacerdotales. La primera responsabilidad en este sentido es la mía, la del obispo. Nos lo recordó Juan Pablo II en su exhortación apostólica Pastores dabo vobis, publicada como fruto del Sínodo de los Obispos sobre los sacerdotes y su misión. Dice que el obispo “se preocupará de que la dimensión vocacional esté siempre presente en todo el ámbito de la pastoral ordinaria, es más, que esté plenamente integrada y como identificada con ella. A él compete el deber de promover y coordinar las diversas iniciativas vocacionales” (n. 41).

     Para hacerlo, el obispo necesita contar con la colaboración de sus sacerdotes. En nuestra diócesis, además, sé que cuento con la valiosa colaboración de nuestro obispo auxiliar, que es también el rector de nuestro Seminario, y así se expresa que el obispo es el padre y amigo de todos los sacerdotes. Pero he de hacer una llamada a la responsabilidad de los fieles laicos y en especial de las familias cristianas. El de las vocaciones sacerdotales es un problema vital para la Iglesia. Por ello, he querido recordarlo en el día que dedicamos a la Iglesia diocesana. Ninguna forma más urgente y valiosa de colaborar con ella como fomentar las vocaciones sacerdotales y religiosas.

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa