Dar vida y sembrar esperanza

     Avanzando en la celebración de la Pascua, la liturgia de este domingo ya nos invita a contemplar la acción del Espíritu Santo en la Iglesia y en el mundo. Este año debiéramos hacer un especial esfuerzo en nuestro obispado para prepararnos y para celebrar Pentecostés con una renovada conciencia de la acción del Espíritu Santo, que actualiza en la vida de los discípulos la palabra y la acción de Jesús resucitado.

     El motivo es que nuestra diócesis acoge este año la celebración del “Aplec de l’Esperit”, un encuentro de jóvenes cristianos de nuestras tierras que esta vez se celebra en la ciudad de Terrassa y que tiene por lema “Con vosotros cada día”. Y precisamente en su doble dimensión. Con nosotros cada día está Jesús y también su Espíritu Santo, que nos ayuda a ver al Resucitado en los hechos de la vida de cada día.

     La espiritualidad cristiana es una espiritualidad de la Encarnación. El Espíritu Santo es quien actuó en la Encarnación del Hijo de Dios. Y quien actuó poderosamente en la resurrección de Jesús, el crucificado que vive por siempre. El Espíritu Santo es también quien actúa en la Iglesia y en la vida del mundo.

     Los cristianos estamos llamados a descubrir y a vivir la presencia de Dios en medio de la vida, y no a parte de la realidad. La espiritualidad de la Encarnación da una característica de realismo a toda la espiritualidad cristiana. No necesitamos apartarnos de la realidad de la vida de cada día para vivir la presencia del Señor y de su Espíritu Santo.

     “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?”, se nos decía la noche de Pascua. Es una invitación a mirar a Cristo como el Viviente y a mirar a las personas que nos rodean con ganas de descubrir en ellas vida, incluso en medio de sus sufrimientos.

     El sufrimiento acompaña siempre nuestra vida en este mundo. El problema es saber descubrir su sentido e incluso su fecundidad. Por ello es muy necesaria una espiritualidad pascual. Siempre he pensado que esta espiritualidad a la vez realista y pascual queda admirablemente expresada en la oración del Ángelus que dice así: “Infunde, Señor, tu gracia en nuestros corazones, y haz que los que por el anuncio del ángel hemos conocido la Encarnación de Jesucristo, tu Hijo, por los méritos de su pasión y muerte seamos conducidos a la gloria de la resurrección”.

     Los sufrimientos de nuestra vida personal y comunitaria pueden ser fecundos si los vivimos con espíritu pascual. Esto es importante, de forma especial, en la atención personal a los enfermos, a las personas incapacitadas para participar en los actos de las comunidades cristianas y en general a los ancianos. Nuestro obispado, en su Plan pastoral, recomienda que en las parroquias haya un equipo de voluntarios que junto con los sacerdotes cuide de la visita a los enfermos y a los ancianos, tanto en sus hogares como en las residencias y hospitales. Me consta que se trabaja bastante en este aspecto con la ayuda también de religiosos, religiosa y laicos.

     Este es uno de los servicios más importantes que la Iglesia está llamada a hacer. Nos lo recuerda el lema de la Pascua del Enfermo de este año, que celebramos en este sexto domingo de Pascua: “Dando vida, sembrando esperanza”. Dando la vida de Cristo; sembrando la esperanza que el Espíritu Santo deposita en el corazón de los creyentes.

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa