DÍA DEL SEMINARIO: GENEROSOS Y ENTREGADOS

Celebramos el día del Seminario. Un año más, y por primera vez en nuestra joven diócesis. Hemos comenzado nuestra andadura diocesana llenos de esperanza, y llenos de esperanza también en el tema de las vocaciones sacerdotales. A pesar de las dificultades, a pesar de que no falta quien nos recuerda con frecuencia la crisis de vocaciones en el Occidente del bienestar.

Vivimos en una sociedad compleja y en cambio contínuo. A menudo detectamos también una crisis del sentido de la existencia humana debido a muchos factores, entre ellos sin duda un estilo de vida más superficial, disperso, fragmentado. Pero a la vez, el hombre de hoy tiene en el fondo sed de Dios, y sigue haciéndose las preguntas fundamentales. ¿Cómo plantear hoy el tema de la vocación? ¿Cómo proponerlo a los jóvenes?

El Concilio Vaticano II nos recuerda la llamada universal a la santidad (Cf. LG, c. V), la llamada a la perfección que el Señor hace con rotundidad a sus discípulos (Cf. Mt 5, 48). Esta llamada dimana del bautismo y, en consecuencia, es general, para todos. Pero después tiene lugar una llamada concreta y específica para cada persona. Llamada personal, única e irrepetible, que requiere una respuesta personal, única e insustituible. Proyecto de Dios para cada uno de sus hijos. Se trata de ayudar a los niños y jóvenes a crecer en la vida cristiana, a madurar en ese camino de plenitud que comienza en el bautismo, ayudarles para que sean receptivos a la llamada de Dios por el camino concreto que indique a cada uno. Porque cada uno debe seguir la vocación a la que Dios lo llama.

Terreno sagrado este de la vocación, que se debe tratar con sumo respeto. Terreno en el que hay que descalzarse como Moisés en el Sinaí para ayudar a discernir la llamada del Señor. Sin ligerezas, sin intereses particulares, con un respeto sagrado a la libertad y a la persona que tenemos frente a nosotros. Porque Dios mismo respeta su libertad. Esto sin duda, será más difícil que la orientación indiscriminada hacia un camino u otro. Esto requiere un trabajo paciente y mantenido, una actitud de acompañamiento respetuoso, una tarea profunda de discernimiento para que cada persona responda a la llamada de Dios por el camino concreto que le tiene destinado.
Por eso el sentido de la pastoral vocacional no está en llenar los seminarios, sino que está en propiciar el encuentro con Cristo que transforme la vida y que ayude a descubrir la vocación concreta. La propuesta no ha de ser funcional, ni corporativa, ni puede ofrecer ventajas personales. Ha de ser cristocéntrica, ha de propiciar el encuentro con el Señor y el seguimiento confiado.

Es preciso que sepamos sintonizar con el mundo de los jóvenes, con sus inquietudes, con sus quejas y rebeldías, con su deseo de cambiar la sociedad. Hace falta que nuestras propuestas estén profundamente inspiradas en el Evangelio. Una inspiración que recorra el camino de la interioridad y de la oración, tal como nos enseña el Sermón de la Montaña, y que llegue llega hasta la caridad del Buen Samaritano que se hace solidario con los pobres y necesitados. Una propuesta que apunte a la fe más profunda y secreta, llena de amor a Cristo, hasta el compromiso por el hombre y por la sociedad.
Por eso, en el día del Seminario, me dirijo especialmente a vosotros, jóvenes, que sois generosos y entregados de corazón, que sois capaces de vivir los ideales más nobles. En el planteamiento de vuestro futuro no estéis cerrados al proyecto de Dios. Sólo seréis felices plenamente, sólo podréis realizar plenamente vuestra vida siguiendo la llamada de Dios por el camino que El os indique. Sea el camino que sea. Sin miedo.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa