Dos sacerdotes ejemplares

El Santo Padre Benedicto XVI ha proclamado un Año Sacerdotal para toda la Iglesia. La intención de esta conmemoración consiste en intensificar la espiritualidad de los sacerdotes, que es la condición fundamental para la fecundidad de su ministerio. La iniciativa del Papa es para mi mismo –y deseo que lo sea para toda la diócesis- un motivo para ofrecer un año de acción de gracias a Dios y para valorar y pedir el don del sacerdocio, un don que Cristo hace a su Iglesia hasta el final de los tiempos, como expresión de su amor.

Por eso, y aprovechando la circunstancia personal de celebrar mis bodas de plata sacerdotales, he querido sintonizar con los propósitos del Santo Padre publicando la carta pastoral titulada “La alegría del sacerdocio”.

Queridos diocesanos, os invito a dar gracias al Señor junto conmigo por el don que de él recibí. Y os pido que oréis por mí, por los sacerdotes y por las vocaciones sacerdotales. Os invito también a dar gracias a nuestros sacerdotes por su trabajo pastoral, por su entrega generosa, por la fidelidad incondicional y la alegría que llena su ministerio.

En este año 2010, y en el marco del Año Sacerdotal, hemos de tener también un recuerdo agradecido por dos sacerdotes ejemplares de nuestra tierra. El primero es el doctor Josep Samsó Elías (1887-1936) quien, si Dios quiere, será beatificado el próximo 23 de enero en la basílica de Santa María de Mataró. Será la primera vez que se celebrará la beatificación en la iglesia local en la que nació, trabajó apostólicamente y murió como mártir el Dr. Josep Samsó, quien durante 17 años fue párroco de la basílica de Santa María de Mataró.

El Dr. Samsó  nació en Castellbisbal, ahora diócesis de Sant Feliu de Llobregat, y durante su infancia vivió en Rubí, donde estudió en el colegio de los Hermanos Maristas y donde hizo su primera comunión. Fue vicario de la parroquia de Sant Julià de Argentona, párroco de Sant Joan de Mediona (Alt Penedés) y, como ya he dicho, párroco de Santa María de Mataró. Destacó en el ministerio de la catequesis, organizando una de las mejores catequesis de todo el Estado. Murió como mártir de Cristo en el año 1936, dando un gran testimonio de fidelidad a su condición sacerdotal tanto en la vida como en la muerte.

Una vida muy parecida en todo a la del Dr. Samsó, es la de un sacerdote especialmente vinculado a nuestra diócesis de Terrassa, el Dr. Josep Guardiet i Pujol (1879-1936), también gran párroco, y mártir de Jesucristo.

En 1905, el Dr. Guardiet fue enviado a la parroquia de la Santísima Trinidad de Sabadell, parroquia de nueva creación en un barrio trabajador donde todo estaba por hacer. El doctor Guardiet destacó en la acción social y siempre estuvo al lado de los más pobres y necesitados. Era tan grande su prestigio entre la clase trabajadora que, durante los días luctuosos de la Semana Trágica, la suya fue la única iglesia abierta en la ciudad de Sabadell que no sufrió daño alguno.

El año 1917 el Dr. Guardiet fue nombrado párroco de Rubí, donde trabajaría intensamente en todos los ámbitos de la acción de la Iglesia hasta su muerte. Tanto el sacerdote Samsó como el sacerdote Guardiet son dos valiosos testimonios de la fecundidad del sacerdocio cuando va acompañado de la santidad de vida y del testimonio coherente de los valores evangélicos. Mientras asistamos gozosos a la beatificación del rector de Santa María de Mataró, hagamos también una plegaria para que un día sean reconocidas las virtudes y la ejemplaridad de “nuestro” querido doctor Josep Guardiet.

      + Josep Àngel Saiz Meneses

      Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa