El cristianismo como religión del amor

Me referí el pasado domingo a la esencia del cristianismo, siguiendo al teólogo Romano Guardini. Hoy voy a referirme, a otro aspecto fundamental de nuestra fe: la afirmación tradicional de que el cristianismo es la religión del amor. "Ello es exacto  -sostiene Guardini al final del libro citado-, pero siempre que el amor de que aquí se trata se entienda exactamente: no como amor en absoluto, ni siquiera como amor religioso, sino como amor dirigido a una persona determinada, que es la que lo hace posible en absoluto: la persona de Jesús".
"La tesis de que el cristianismo es la religión del amor -añade- sólo puede ser exacta en el sentido de que el cristianismo es la religión del amor a Cristo y, a través de Él, del amor dirigido a Dios, así como a los otros hombres. De este amor se dice que significa para la existencia cristiana no sólo un acto determinado, sino también 'el más grande y el primer mandamiento' y que de él penden toda la ley y los profetas' (Mt 22,38-40)".
    “Os doy un mandamiento nuevo –dice Jesucristo-: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros” (Jn 13, 34). El mandamiento del amor es el mandamiento fundamental, la esencia misma del Evangelio. Jesús lo renovó en profundidad  y lo amplió en tres direcciones.
    En primer lugar estableciendo la unión inseparable, una conexión indisoluble entre el amor a Dios y al prójimo. Todos los preceptos se reducen a este doble precepto. Y San Juan, en su primera carta, refleja cómo el amor a Dios es pura ilusión si no dirigimos nuestra mirada hacia el prójimo- Y, a la vez, el amor al prójimo podría convertirse sólo en filantropía si no se fundamenta en Jesucristo y en el amor a Dios. Estos dos mandamientos no son realidades separadas. El cristiano ha de encontrar en el amor a Dios la fuerza para amar al prójimo, y a la vez sólo puede llegar al amor auténtico a Dios si ama auténticamente a los hermanos.
    En segundo lugar, el concepto de prójimo, un concepto muy restringido en el judaísmo, se hace extensivo a todo el género humano, incluidos los enemigos, a los que hemos de perdonar setenta veces siete, que quiere decir siempre.
    En tercer lugar, Jesús enseña una opción preferencial por los más pobres y necesitados. En estos últimos domingos del año cristiano, las lecturas bíblicas del ciclo que seguimos este año se centran sobre todo en el mandamiento del amor y también en el llamado "juicio  final", en el que se cumplirá aquello que dijo bellamente San Juan de la Cruz: "Al caer de la tarde, seremos examinados sobre el amor". El texto emblemático, sobre este particular, es la parábola que aparece en el Evangelio de Mateo (25,31-46). El juez divino, “se sentará en su trono de gloria y serán congregadas delante de él todas las naciones. Entonces él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos”.
Y Jesucristo dirá a los justos: “Vosotros, cuando yo tenía hambre me disteis de comer”. Esto quiere decir que allí donde un hombre  practica el amor ante el otro, o allí donde un hombre se niega a hacerlo, lo hace o se niega a hacerlo al mismo Cristo.  Por esto, el teólogo Guardini puede concluir afirmando que la presentación del “juicio final” nos dice en sustancia, que “Cristo es el contenido y el criterio del obrar cristiano en absoluto; el bien de cada acción es Él", porque "se halla referido en su existencia concreta a la totalidad de lo humano".
    También la Iglesia, como "sacramento" que es de Cristo, para ser fiel a su Señor, ha de estar referida a la totalidad de lo humano. La consecuencia que de ello deseo destacar es que la experiencia cristiana no puede ser ajena a la solidaridad con los pobres y marginados. Pero no una solidaridad vivida como un sentimiento abstracto, sino con la concreción del cristiano que sabe que es Cristo el que le sale al encuentro en el hambriento y en el marginado. Esto es lo que nos ha recordado sobre todo el Papa Benedicto XVI en su encíclica “Dios es amor”.

    
             + Josep Àngel Saiz Meneses
            Obispo de Terrassa     
 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa