El cristiano es un signo de esperanza

Comenzamos un nuevo Año Litúrgico con el primer domingo de Adviento. Tiempo de esperanza. Tiempo de esperanza en un mundo complejo y lleno de tensiones motivadas por acontecimientos diarios en el presente y también por la incertidumbre ante el futuro. Los cristianos, que también formamos parte de este mundo, participamos, sin embargo, de la tensión, de la inquietud y de las ansiedades ante el futuro del hombre y del mundo. Pero, por encima de todo, "el cristiano es el hombre de la esperanza". Por esto hemos de comenzar este nuevo tiempo de Adviento muy abiertos a la esperanza y profundizando en los subrayados que la liturgia de la Iglesia nos propone. ¿Cuál ha de ser el punto de partida para vivir este tiempo litúrgico? El punto de partida es sin duda el convencimiento de que necesitamos ser salvados y el convencimiento profundo de que Cristo viene a salvarnos. En medio de una sociedad que se va impregnando de una mentalidad científica que limita el ejercicio de la razón a la racionalidad científica, una sociedad tecnológica y capaz de conquistas inimaginables hasta hace pocos años, una sociedad autosuficiente que cree que no necesita la salvación de nada ni de nadie, en medio de esta sociedad, nosotros celebramos el Adviento y celebramos la venida de Jesucristo que viene a salvarnos. La disposición fundamental y la virtud que hemos de ejercitar es la esperanza. Adviento significa venida, la venida del Señor. Nos preparamos para conmemorar en Navidad el inicio de su venida: la Encarnación, el Nacimiento, su paso por la tierra. Pero Jesús no nos ha dejado nunca. Se ha quedado en este mundo de diferentes maneras: en la Eucaristía, en la Iglesia, en los pobres, en los acontecimientos, en el corazón de los fieles. Y vendrá a cada uno de una forma definitiva a la hora de la muerte, y finalmente en la resurrección universal. Venir es hacerse presente. Se hizo presente en la tierra con la Encarnación, naciendo de la Virgen, viviendo entre los hombres como uno de tantos. Se hace presente ahora por medio de la gracia, invisiblemente, a los ojos de la fe y de la experiencia cristiana de la fe. Se nos hará presente en visión y experiencia espiritual después de nuestra de nuestra muerte cristiana. Él está presente entre nosotros para que podamos alcanzar con él la intimidad más perfecta. Para quedarse entre nosotros, como Él permanece en el Padre. ¿Cómo hemos de vivir este  tiempo los cristianos? Todos estamos invitados a hacer nuestro personal proyecto de Adviento. Este proyecto ha de ser sobre todo un propósito de acogida del Señor que viene. Toda venida supone una acogida, que consiste, en primer lugar, en la esperanza, en el deseo confiado de que Él venga. También hemos de reavivar nuestra confianza en Él. La confianza que nace de la seguridad de la persona que se siente amada. La palabra de Isaías, que escuchamos en este tiempo, se articula en una plegaria confiada: "Tú eres nuestro Padre; nosotros somos la arcilla y Tú el alfarero". El Adviento es también un tiempo de responsabilidad para revisar nuestros deseos y confianzas, nuestras esperanzas y nuestros compromisos en nuestra vida personal y en la de nuestras comunidades humanas o cristianas. El Adviento nos invita a estar vigilantes y a revisar si somos suficientemente generosos y activos en la edificación del Reino de Dios.
+Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa