El vuelo del abejorro (1)

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

Cuentan que en la NASA hay un cartel con el siguiente texto: “Está comprobado que el abejorro, aerodinámicamente, a causa de su peso, tamaño y cuerpo, no puede volar, sólo que él no lo sabe”. Al parecer, según las leyes físicas, un abejorro no puede volar porque la envergadura de sus alas es muy pequeña como para mantener su enorme masa corporal en vuelo, pero él no lo sabe… y vuela, y de ahí se concluye que eso es lo que todos debemos hacer, volar y superarnos, en cada momento y ante cualquier obstáculo. La pequeña historia arranca de un encuentro que tuvo lugar entre jóvenes y algunas figuras destacadas de la misma NASA en que intercambiaron ideas con sus ejemplos correspondientes y se dieron consejos de cara al futuro. Este ejemplo de superación lo explicó Julian Earl, a la sazón director del centro de investigaciones de la NASA.

Se ha intentado demostrar la imposibilidad del vuelo del abejorro con cálculos en base a un vuelo estático, como el de los aviones, que se desplazan con sus alas inmóviles. Sin embargo, se sabe que la mayoría de los insectos, entre ellos el abejorro, no planean, sino que mueven sus alas flexibles a gran velocidad y con cambios de dirección muy rápidos de modo que las turbulencias creadas en torno a ellos son las que dan lugar al empuje. Esta teoría fue demostrada en un estudio de 2005, en el que un grupo de investigadores usó cálculos y simulaciones robóticas para emular el vuelo de este tipo de insectos, comprobando que incluso son capaces de variar el ángulo de movimiento y la frecuencia del aleteo, adaptándose así a las circunstancias del medio en el que se encuentran.

Hay que reconocer que la citada frase tiene su gracia e invita a una reflexión sobre el esfuerzo y la superación porque al igual que el vuelo del abejorro iría en contra de las leyes de la física, pero lo logra, nosotros, si pensamos que podemos conseguir algo y nos esforzamos, es seguro que lo conseguiremos. Siguiendo esa dinámica, hay que lanzarse sin complejos para conseguir nuevas metas. Pero ya hemos visto que a pesar de las apariencias, en el vuelo del abejorro no hay contradicción con las leyes de la Física. También es de sentido común pensar que no podemos conseguir todo lo que se nos pasa por la cabeza. En cualquier caso, la lectura de esta pequeña historia nos lleva a una reflexión sobre la motivación, sobre el espíritu emprendedor, sobre el intentar cosas nuevas.

La palabra motivación es un vocablo que proviene del latín y su principal significado es mover o tener virtud para hacerlo. A juzgar por el sentido que se le atribuye desde el campo de la psicología, una motivación se basa en aquellas cosas que impulsan a un individuo a llevar a cabo ciertas acciones y a mantener firme su conducta hasta lograr cumplir los objetivos planteados. Es muy interesante analizar cómo y porqué se inicia la conducta hacia un objetivo, cómo se genera la energía necesaria para promover cambios hacia la meta, la constancia con la que se sigue y la razón por la que se escoge. Estar motivado implica reconocer en la actividad que uno realiza aquellos elementos que dan satisfacción personal y profesional, tales como el logro de metas, alcanzar puestos de responsabilidad, poder llegar a tomar decisiones importantes, asociarse con otros, pertenecer a algún grupo social en especial, etc. Las personas motivadas sienten el impulso de conseguir tanto sus propias expectativas como las de los demás.

+ Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa