ELOGIO DE LAS PERSONAS MAYORES

A lo largo de este curso he tenido ocasión de encontrarme y de hablar con un gran número de personas de nuestra diócesis. Con personas de toda edad y condición. Una de estas conversaciones la mantuve con un abuelo activo y emprendedor que tenía interés por conocer personalmente a su obispo y también quería compartir conmigo sobre las inquietudes y las formas de transmitir la fe a sus nietos, unos nietos que están en plena adolescencia. Me obsequió con dos libros de cuentos y de reflexiones que había escrito con esta misma finalidad. El planteamiento de fondo es demostrar que la fe no es incompatible con la ciencia. Es más, lo que les dice a sus nietos es que los últimos descubrimientos científicos son coherentes con lo que nos dice la fe.

La conversación me reafirmó en el convencimiento de que los ancianos son cada vez más una parte viva y activa de las familias y, por consiguiente, de la sociedad. En la antigüedad, las personas mayores eran consideradas como una fuente de sabiduría porque acumulaban no sólo conocimientos, sino sobre todo experiencia de vida. La Sagrada Escritura recomienda en diferentes lugares el respeto a los ancianos y la valoración de éstos: "Ponte en pie ante las canas y honra el rostro del anciano; de esta manera reverenciarás a Dios" (Lv 19,32).

Los abuelos y abuelas de ahora no responden ya al estereotipo de unos ancianos venerables acomodados en su balancín. Más bien se impone una figura más moderna y dinámica. Los ancianos y ancianas de ahora viajan, hacen ejercicio e incluso algunos, más audaces, se atreven a adentrarse en la informática y en internet. Y como que en muchas familias trabajan fuera de casa tanto el padre como la madre, los mayores realizan una tarea de suplencia en el cuidado de los niños. Ancianos y ancianas llenos de ternura, de paciencia y de experiencia de la vida que se convierten en verdaderos puntos de referencia en muchos aspectos para los niños, porque comparten con ellos tiempo, juegos y diálogos sobre los interrogantes que se despiertan en los más pequeños.

En este acompañamiento se integra también una comunicación de su experiencia de fe y de vida cristiana. Por esto están realizando una tarea muy importante en la transmisión de la fe, en la transmisión de la cultura y de las tradiciones. Ellos disponen de tiempo, un tesoro que a menudo les falta a los padres de los niños. Se trata de una contribución de gran importancia a la Iglesia y a la sociedad, una contribución que hemos de valorar y agradecer como se merece.

Seamos agradecidos con todas aquellas personas vitalistas y generosas que no se preocupan de añadir años a la vida, sino que añaden vida a los años que les toca vivir. Años de peregrinación, años de vivencias, años para hacer el bien, años de lucha a pesar de que las fuerzas disminuyen. Años para recoger todo lo sembrado a lo largo de la vida.

Las personas mayores tienen mucho que enseñarnos porque han hecho una síntesis, una síntesis de la vida, porque viven la verdad profunda de la vida y de las cosas, porque se van liberando de los aferramientos egoístas para centrarse en lo esencial y, en definitiva, para encontrarse con Dios. En el fondo, son un tesoro para todos nosotros. Que Dios nos ayude para que sepamos valorarlos y amarlos.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa