En la escuela de María: firmeza en la fe (10/05/2020)

En la escuela de María: firmeza en la fe 

En medio de la pandemia y el confinamiento, semana a semana, acabamos de entrar en el mes de mayo, un mes dedicado a la Virgen María y en el que se celebra l’Aplec de la Mare de Déu de la Salut en la ciudad de Sabadell. Ella es la Madre de Jesús y nuestra Madre. Ella nos enseña a escuchar y creer en la Palabra de Dios, nos guía en el camino de la fe, nos educa para vivir en la esperanza; nos prepara para entregar nuestra vida totalmente a Dios y a los hermanos, viviendo unidos, teniendo un solo corazón y una sola alma.

A  veces da la impresión de que se ha producido en nuestro mundo una especie de olvido de Dios, pero el ser humano sigue haciéndose las preguntas de siempre sobre el sentido de la vida. Preguntas sobre el futuro, sobre el más allá, sobre la felicidad, etc. Porque, seamos sinceros, el hombre no tiene todas las respuestas a pesar de los grandes avances de la ciencia y de la técnica, como desgraciadamente estamos comprobando en estos tiempos. El ser humano necesita algo más, necesita descubrir el significado de las cosas, necesita amor y esperanza, un fundamento sólido para afrontar la vida, con sus crisis, con sus oscuridades, con sus contradicciones, con sus dificultades y problemas.

La fe proporciona una certeza distinta, pero no menos sólida que la que proviene de la ciencia. No es un simple asentimiento intelectual a un conjunto de verdades. Es una entrega confiada a Dios, una adhesión a Alguien que da confianza. La fe es creer en este amor de Dios que es capaz de transformar toda la realidad humana, y de ofrecer la posibilidad de la salvación. Tener fe es encontrar a Dios, es confiar en Él,  abandonarse en sus manos, porque es Él quien sostiene al mundo y a la historia, y en definitiva, es el único fundamento sobre el que puedo construir mi existencia.

La fe es un don de Dios. No es una conquista personal, ni depende únicamente de la voluntad propia. Para dar la respuesta de la fe es necesaria la gracia de Dios, que se adelanta y ayuda. El bautismo está en el inicio de nuestro camino de fe y significa la entrada en la Iglesia. La fe es don de Dios, pero es también un acto libre y humano. Es un acto auténticamente humano, ya que confiar en Dios y adherirse a las verdades que él ha revelado no es contrario ni a la libertad ni a la inteligencia del ser humano. Es como salir de uno mismo para confiarse a la acción de Dios.

Aprendamos de María, que  vive en actitud de escucha, atenta a los signos de Dios y responde con la obediencia de la fe. Ella es madre y modelo de todos los creyentes, porque confió en la palabra del ángel y respondió con un sí generoso al plan de Dios. El camino de la fe incluye también un componente de oscuridad, ya que la relación que Dios establece con el ser humano no suprime la distancia que existe entre Creador y criatura, de ahí que el hombre no pueda comprender totalmente el misterio de Dios; en consecuencia, la persona creyente puede pasar por momentos oscuros o por situaciones de dolor, como estamos experimentando en estas semanas, como sucede en la vida de la Madre.

El camino de fe de sus hijos está jalonado por los momentos de luz, pero también llegan situaciones en las que Dios parece haberse escondido. A veces da la impresión de que no responde a las oraciones, que no pone remedio a nuestros males, ni nos ayuda en las necesidades, ni nos consuela en la aflicción. A veces su aparente silencio pesa demasiado en nuestra pequeña existencia de creyentes. En ocasiones, podemos llegar incluso a quejarnos, como Job en el Antiguo Testamento, porque no entendemos lo que está pasando. Que María nos ayude para abrir siempre el corazón a Dios, para acoger el don de la fe y reavivarlo, para poner en Él nuestra confianza. Siempre  podemos repetir con ella : «El Señor es mi pastor, nada me falta. Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan» (Sal 22.1.4).

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa