En recuerdo de Victor Frankl

Hace ya bastantes años cayó en mis manos un libro profundo y existencial titulado El hombre en busca de sentido, de Víctor  Frankl, que leí con avidez en parte por mi afición a la psicología y en parte por el interés que despertó en mí desde la primera página. Es un libro que he regalado y recomendado en numerosas ocasiones. Me parece uno de aquellos libros breves que han dejado huella en la vida y en la cultura, al estilo de El Principito de  Saint-Exupéry o El arte de amar de Erich Fromm, por citar algunos. Obras de lectura fácil y que a la vez han ayudado a muchas personas. Sus continuas reediciones dan fe de ello. Nuestro autor nació en Viena el 26 de marzo de 1905. No quisiera que hubiera pasado el año del centenario de su nacimiento sin dedicarle alguna carta de homenaje y reconocimiento.
En 1930 se doctoró en medicina. En 1938 fue nombrado jefe del Departamento de Neurología del Hospital Rothschild, el único hospital judío en los tempranos años del nazismo. Esto sucedía cuando los nazis llegaban al poder. En 1942 fue deportado a un campo de concentración. Sobrevivió al Holocausto tras haber estado en cuatro campos de concentración nazis, incluyendo el de Auschwitz, desde 1942 a 1945. Debido en parte a su sufrimiento durante su vida en los campos de concentración y mientras estaba en ellos, Frankl desarrolló una teoría conocida como logoterapia. Es interesante comparar las teorías de Frankl con las de Freud o Adler. Freud consideraba la pulsión de placer como la raíz de la motivación humana, Adler la centraba en la voluntad de poder y, en cambio, Frankl propone en su logoterapia la voluntad de sentido como fundamento del obrar humano.  El sentido lo encontramos a través de los valores actitudinales, experienciales y creativos. Pero estos valores en el fondo son meras manifestaciones superficiales de algo mucho más fundamental que es el suprasentido. El suprasentido es la idea de que existe un sentido último en la vida; un sentido que no depende de nosotros, ni de nuestros proyectos ni incluso de nuestra dignidad. Un sentido que apunta a la trascendencia, a Dios.
Tanto su teoría como la terapia consiguiente las desarrolló a partir de sus experiencias en los campos de concentración nazis. Al ver que padeciendo las mismas penalidades y sufrimientos unos sobrevivían y otros no, llegó a la conclusión de que aquellos que tenían una motivación, un porqué para vivir, a pesar de las adversidades, resistían. Comprobó que las personas que tenían esperanzas de volverse a reunir con seres queridos encontraban en el recuerdo y en el amor a la esposa o a los hijos fuerzas para resistir; otros habían dejado proyectos profesionales interrumpidos por la guerra, proyectos muy importantes para ellos que deseaban culminar y que eran motivación suficiente como para salir adelante; y sobre todo aquellos que tenían una profunda vivencia religiosa, y desde su fe encontraban la energía para sobrevivir.
La otra cara de la moneda es el vacío existencial. En contraposición al sentido que busca y encuentra el ser humano, el sin sentido es como un vacío, como un agujero hondo que se ha de llenar al precio que sea. Un indicador del vacío existencial es el aburrimiento, el no saber qué hacer con el tiempo libre, el no ser capaces de llenar con sentido nuestra vida a pesar de disponer de más medios y posibilidades que nunca. Ni la acumulación de riquezas ni el consumismo vertiginoso llenarán este vacío profundo. El maestro Frankl nos invita a apuntar a lo esencial, a no quedarnos en lo periférico, a descubrir el sentido de la vida y el sentido de cada actividad, de cada elemento de los que componen la existencia.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Bisbe de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa