En recuerdo de Victor Frankl

El 11 de febrero del 2006, memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen de Lourdes, se celebrará la 14ª Jornada Mundial del Enfermo. La semana pasada hicimos una semblanza de Victor Frankl y señalábamos que propone en su logoterapia la voluntad de sentido como fundamento del obrar humano.  El sentido lo encontramos a través de los valores creativos (el sentido del trabajo), de los valores vivenciales (el sentido del amor), y de los valores de la actitud (el sentido del sufrimiento). El camino de los valores experienciales es el de vivenciar experiencias o personas que conocemos. Sobre todo experimentar el valor de las otras personas a través del amor, interactuar desde el amor, encontrar sentido y desarrollarlo desde el amor. El camino de los valores creativos es el de llevar a cabo proyectos que tengan sentido; más aún, comprometer toda la vida en un proyecto con sentido. El tercer camino para encontrar sentido es el de los valores actitudinales, es decir, la actitud que se adopta ante situaciones límite. Valores actitudinales que dan sentido a la vida, aún en las circunstancias más difíciles. De estos valores, el más emblemático es el de encontrar sentido a través del sufrimiento. El sufrimiento humano es muy variado y diverso, más amplio que la enfermedad física, y por eso se distingue entre sufrimiento físico y moral. Se sufre en el tercer mundo y se sufre en el primer mundo, por motivos distintos. Se sufre en la infancia, en la juventud, en la adultez y en la vejez. A veces el sufrimiento es soportable, pero otras veces es tan fuerte que puede llevar a la desesperación. Y en medio del sufrimiento el ser humano se pregunta el por qué, y necesita respuesta, necesita sentido. Según  Frankl, el ser humano es capaz de encontrar un sentido independientemente de su sexo, edad, cultura, ambiente, temperamento, religión, etc. Sobre todo y por encima de todo, el ser humano es capaz de encontrar un sentido más profundo y último en su vida que es previo a nosotros y que está más allá de nuestras expectativas. La fe es de gran ayuda para encontrar ese sentido. Por más que lo intentemos, nuestras explicaciones para justificar el dolor acaban siendo insuficientes. Para poder encontrar una respuesta válida a la pregunta sobre el sufrimiento, no queda otro camino que acercarnos a Dios, a su revelación. Es ahí donde encontramos el sentido último de todo lo que existe. Por eso, para hallar el sentido profundo del sufrimiento hay que acercarse con humildad al misterio, y acoger la luz de la revelación. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el por qué del sufrimiento en la medida en que somos capaces de penetrar en el conocimiento de la grandeza del amor de Dios. El amor de Dios es también la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento. Esta respuesta ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo (cf. Salvifici Dolores, 13). El pasado mes de septiembre tomé parte en la peregrinación que la Hospitalidad de Nuestra Señora de Lourdes organiza conjuntamente en las diócesis de Barcelona, Sant Feliu y Terrassa. Se produce en cada peregrinación una convivencia entrañable y profunda entre enfermos, voluntarios y peregrinos, que resulta muy enriquecedora para todos. Es un momento propicio en que se olvidan todo tipo de superficialidades consumistas y se apunta a lo esencial de la vida porque allí se palpa el dolor, la enfermedad, el sentido, la fe, y también la alegría. Todo el mundo debería pasar por una experiencia semejante. Josep Maria Cullell, presidente de la Hospitalidad, definió en su última intervención Lourdes como una escuela de amor. Difícilmente se puede decir más con menos palabras. Ciertamente, Lourdes es una escuela de amor vivido y compartido. +Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa