En tiempos de posverdad

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

“Posverdad” fue la palabra del año 2016 elegida por el Diccionario Oxford. La define como lo relativo a circunstancias en las que los hechos objetivos son menos influyentes en la formación de la opinión pública que la apelación a las emociones y las creencias personales. Se resume como la idea de que “el que algo aparente ser verdad es más importante que la propia verdad”. Según explican los responsables del Diccionario Oxford, el uso de esta palabra aumentó en 2016 un 2.000% con respecto a 2015. El aumento se registró sobre todo en el mes de junio, cuando se realizó el referéndum en Reino Unido que definió la salida del país de la Unión Europea y también en octubre, días antes de que se celebraran las elecciones en Estados Unidos en las que resultó ganador Donald Trump.

Las mentiras, medias verdades, intoxicaciones y manipulaciones de personas y colectivos son tan antiguas como la humanidad misma. ¿Dónde está, entonces, la novedad de la posverdad? Hay quien piensa que se trata de los viejos usos de la propaganda y las relaciones públicas de toda la vida. Otros la ven como una mentira de nueva generación que utiliza mensajes y relatos que pareciendo verdaderos, no lo son, y que llevan una poderosa carga emocional capaz de apagar cualquier inquietud intelectual de contrastar las informaciones con la realidad. A ello se suma que nuestro ritmo de vida es acelerado, recibimos infinidad de informaciones y mensajes cada día, y tampoco nos queda tiempo para comprobar su veracidad. La posverdad, al final, acaba convirtiéndose en una seria amenaza para nuestra libertad.

La Liturgia de este domingo tercero de Adviento nos presenta la figura de Juan Bautista como testigo de la Luz: “Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz” (Jn 1,6-8). Testigo es el que ha visto, el que ha experimentado de forma personal, viva y profunda. Testigo de la Luz, testigo de la Verdad. Como señalaba el papa Benedicto XVI: “Jesucristo es la Verdad hecha Persona, que atrae hacia sí al mundo. La luz irradiada por Jesús es resplandor de verdad. Cualquier otra verdad es un fragmento de la Verdad que es él y a él remite. Jesús es la estrella polar de la libertad humana: sin él pierde su orientación, puesto que sin el conocimiento de la verdad, la libertad se desnaturaliza, se aísla y se reduce a arbitrio estéril. Con él, la libertad se reencuentra, se reconoce creada para el bien y se expresa mediante acciones y comportamientos de caridad” (Discurso a la Plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe; Roma, 10 de febrero de 2006).

No podemos olvidar que el ser humano es impulsado por su propia naturaleza a buscar la verdad; así ha sido a lo largo de la historia. Ha buscado la verdad, el sentido de las cosas y sobre todo el sentido de su vida; y quien busca la verdad y el bien, en el fondo está buscando a Dios, y si su búsqueda es seria y coherente, acaba encontrando a Dios. La existencia humana es como un camino de crecimiento y maduración en el que vamos experimentando las grandezas y también las limitaciones de la vida: la contingencia, el dolor, la enfermedad, la soledad, la pérdida de sentido y de esperanza. Hay contemporáneos nuestros que quizá no conocen a Cristo, pero son personas honestas, que buscan la verdad y procuran hacer el bien. No me cabe la menor duda que tarde o temprano se encontrarán con Dios, se encontrarán con Cristo. Porque Él es la Verdad y el Bien.

+ Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa