Encontrar a Cristo i comunicarlo a los demás

Este domingo llegamos, en el itinerario de la liturgia cristiana, al final del tiempo pascual. Es la Pascua granada, la Pascua de los frutos. Y el primero de estos frutos es la donación del Espíritu Santo. Hoy celebramos el nacimiento de la Iglesia gracias al impulso del Espíritu Santo. También hoy celebramos el Día de la Acción Católica y del apostolado seglar.

 

             En su exhortación apostólica sobre la Eucaristía, de la que he comentado algunos temas en estos pasados domingos, me ha impresionado la insistencia con la que Benedicto XVI subraya la relación entre la Eucaristía y la misión. Lo hace especialmente en el número 84 del documento, en el que recoge esta frase que pronunció en la homilía de la misa del comienzo de su servicio como obispo de Roma: "Nada hay más hermoso que haber sido alcanzados, sorprendidos, por el Evangelio, por Cristo. Nada más bello que conocerle y comunicar a los otros la amistad con él".

 

            ¿Tenemos los cristianos y los hombres de hoy todavía la capacidad de sorprendernos por el Evangelio y por la Persona de Cristo? ¿No parece más bien que estamos cansados y que hemos renunciado a vivir el entusiasmo, la novedad, de Cristo y del estilo de vida que él nos propone? ¿Creemos todavía en verdad que lo que el mundo necesita es el amor de Dios, encontrar a Cristo y creer en Él? ¿Está el cristianismo abocado a la extinción, dado que, para no pocos, parece quedar reducido a un conjunto algo artificial de ceremonias, convenciones y costumbres?

 

            Si sólo contáramos con nuestras capacidades, personales e institucionales, podríamos caer en el pesimismo. Pero si en la Iglesia opera el don y la gracia del Espíritu Santo, podemos esperar no la muerte lenta de la fe cristiana sino su revitalización. El Espíritu Santo es la garantía de que la Iglesia y la fe tienen futuro. Porque Cristo es el futuro absoluto de la humanidad y de todo el universo creado por Él, en Él y para Él.

 

            Por eso, en esta Pascua del Espíritu Santo, en este día del inicio de la Iglesia, en esta jornada dedicada al testimonio comunicativo de la fe por los cristianos, recuerdo estas palabras del Papa en el documento que estoy comentando: "La Eucaristía no es sólo fuente y culmen de la vida de la Iglesia; lo es también de su misión. Una Iglesia auténticamente eucarística es una Iglesia misionera." Verdaderamente, nada hay más hermoso que encontrar a Cristo y comunicarlo a los demás.

 

            Hemos de vivir la ilusión de llevar a Cristo a los hombres y las mujeres del mundo de hoy. No les llevamos sólo una idea, ni sólo una ética, sino el don de su misma Persona. Diversas circunstancias, especialmente influyentes entre nosotros, hacen que hoy el testimonio cristiano sea especialmente arduo y que a veces la crisis de la fe cristiana en muchos de nuestros contemporáneos se imponga a nuestro espíritu como un hecho doloroso. Es la presencia de la soledad y de la cruz en la vida de cada cristiano y de cada cristiana.

 

            Pero la Iglesia siempre ha tenido que afrontar obstáculos, dificultades e incluso persecuciones, abiertas o larvadas. Y éstas últimas a veces son las peores para nuestra moral de creyentes en Cristo. No temamos. "¡No tengáis miedo!", nos decía a menudo el recordado Juan Pablo II. Hoy es un día para superar los miedos y confiar en la presencia del Espíritu en la Iglesia de Jesucristo. Los miles de jóvenes de nuestra tierra que en esta Pascua del Espíritu Santo se reunieron ayer en Tarragona en el Aplec de l'Esperit son un signo de esperanza y una invitación a la confianza en el futuro de la fe cristiana entre nosotros. Que esta confianza en Dios y en los cristianos del futuro nos acompañe en esta Pascua granada.

 

   

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa