Hagamos posible un mundo distinto

La semana pasada comentábamos la campaña contra el hambre y el lema de este año "Otro mundo es posible, depende de ti". Yo quisiera acabar el tema insistiendo en la llamada a compromiso por parte de todos para hacer posible otro mundo, porque podemos y porque debemos hacerlo. Cada uno desde la vocación recibida, dejándose la vida en el surco a fuerza de generosidad y entusiasmo, a fuerza de amor a Dios y a los hermanos. En estos meses pasados he tenido conversaciones con los misioneros de nuestra joven diócesis. Dos están en África, Francesc Macià y Miquel Àngel Pérez, y dos en América, Santiago González y Xavier Sastre. En total, cuatro misioneros de una diócesis que quiere ser evangelizadora y evangelizada.
    Francesc Macià es un religioso salesiano, natural de Sabadell, y ha sido el primer presbítero ordenado por mí. Ha estado viviendo el conflicto bélico de Costa de Marfil desde la misión católica en la que trabaja con tres religiosos más, en el oeste del país. El día 14 de julio pasado mantuvimos una larga charla, en la que me explicó algunas experiencias estremecedoras. Según él, la ciudad había sufrido mucho. Se habían producido masacres étnicas, con más de 150 muertos. En su misión, en su casa y en el recinto de la misión habían acogido más de 10.000 refugiados, gente que no podía volver a sus casas, porque se las habían quemado, y sobre todo gente que había perdido a sus familiares. Ellos intentaban consolarlos, animarlos, comunicándoles fe y esperanza, y ayudándoles en todo lo que podían materialmente con alimentos, medicinas, agua potable, un lugar para dormir; en fin, todo lo que necesitaran y que estuviera al alcance de los misioneros.
    Francesc y sus compañeros pasaron mucho miedo, llegando a temer por sus vidas. No porque se quisiera hacer daño a los misioneros, pero sí porque tenían refugiados de uno de los dos bandos étnicos que estaban enfrentados. Recibían cartas anónimas en que se les decía que aquella noche atacarían su casa, la misión católica. Y, efectivamente, los rebeldes entraron en la casa en tres ocasiones. La primera vez, armados con cuchillos y de uno en uno, con el objetivo de infiltrarse anónimamente entre los refugiados y, al sonido de un silbato, atacar y matar. Unos días después lo intentaron por la parte trasera, armados con pistolas. En las dos tentativas, los militares, que estaban cerca de la misión, pudieron impedir la masacre. El tercer intento fue a distancia y con morteros, el 18 de junio pasado, pero también la intervención de los militares evitó el desastre.
    Todo esto es una consecuencia de la guerra que sufre ese país entre los rebeldes y el gobierno elegido democráticamente. El país está dividido en dos, una parte en manos de los rebeldes, captada por la fuerza, y otra parte en manos del gobierno. El gobierno ha armado a una parte de la población civil para poder afrontar  a los rebeldes en caso de que quieran atacar  y hacerse con las ciudades que todavía no están bajo su poder. Esto provoca que algunos civiles, sobre todo los más jóvenes, aprovechen la situación para robar y matar durante la noche. Esto degenera en un conflicto étnico, en odio y violencia. ¿Qué se puede hacer en una situación como ésta? ¿Cómo lo vivían Francesc y sus compañeros?
    En primer lugar, ayudando a todos, sin mirar a quien tenían delante, fuese de la etnia que fuese. Con los refugiados procuraban dar un testimonio de caridad cristiana, ayudándoles materialmente, rezando por ellos y con ellos, rezando para que acabase el conflicto y dándoles apoyo psicológico y moral. Nuestra evangelización -me explicaba- ha de ser no sólo con palabras, sino y sobre todo con nuestro ejemplo, ayudándoles y entregándonos, incluso arriesgando nuestra propia vida en situaciones muy difíciles, en las que no sabíamos si pasaríamos aquella noche, o si vendrían a atacarnos. Cada mañana era como un comenzar de nuevo y una acción de gracias a Dios por estar vivos. Sobran más comentarios. El lector habrá podido comprender cómo estos cuatro religiosos salesianos trabajan para hacer posible un mundo diferente del actual. En otras cartas hablaremos de los demás misioneros de la diócesis.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa