JORNADA PRO ORANTIBUS

En nuestra joven diócesis tenemos cinco comunidades de vida contemplativa: una comunidad de benedictinas, dos de carmelitas, una de dominicas y otra de sanjuanistas. Muchas veces he escuchado preguntas sobre el sentido y la utilidad de los religiosos de vida contemplativa. Preguntas de procedencias muy diversas pero con el denominador común de un planteamiento utilitarista y de una manifiesta incomprensión hacia ese estilo de vida.

El Concilio Vaticano II nos recuerda que "ya desde los comienzos de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarlo más de cerca, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, vivieron vida solitaria o fundaron familias religiosas que la Iglesia recibió y aprobó de buen grado con su autoridad. De ahí nació, por designio divino, un maravillosa variedad de agrupaciones religiosas, que contribuyó grandemente a que la Iglesia no sólo esté apercibida para toda obra buena y pronta para la obra del ministerio en la edificación del Cuerpo de Cristo sino también a que aparezca adornada con la variedad de los dones de sus hijos…"(Perfectae Caritatis n. 1)

Se entiende con más facilidad la vida religiosa activa, la vida de entrega al amor y al servicio de Dios y también al servicio inmediato del prójimo en diversas obras de ayuda a los más necesitados. Se admira con facilidad a una persona que lo deja todo por servir a los más necesitados en un orfanato o en un hospital, en un lugar perdido del Tercer Mundo o en un pozo de miseria del Cuarto Mundo. En cambio, cuesta justificar la aparente inutilidad de la vida contemplativa, de quien se retira para concentrarse sólo en Dios, en la comunicación asidua de la oración, en una vida austera y sacrificada, de oración y de trabajo.

No se trata de hacer apología de la vida contemplativa para convencer a sus detractores. No. Cada persona ha de seguir la propia vocación. Lo importante es encontrar el camino. Sí me gustaría dejar una constancia. Llevamos once meses de vida como diócesis de Terrassa. En estos meses he tenido conocimiento de tres jóvenes universitarias que lo han dejado todo para ingresar en un convento de clausura. Viviendo en nuestro Occidente rico, en una situación de confort material, teniendo todas las posibilidades humanas a su alcance, teniendo toda una vida por delante, cuando se deja todo para encerrarse en un convento, es difícil encontrar otra explicación que la de haber escuchado la potente llamada de Dios y haber experimentado la fascinación por Jesucristo y por su Reino.

Hoy celebramos la Jornada dedicada a la vida contemplativa. Pidamos por las vocaciones a la vida contemplativa, expresemos nuestro reconocimiento, nuestra estima y gratitud por lo que representan en la Iglesia y en el mundo. También es importante dar a conocer la vocación específicamente contemplativa, tan antigua y tan nueva, actual y tan necesaria en la Iglesia y en la sociedad. Ojalá la celebración de esta Jornada nos ayude a profundizar y desarrollar la dimensión contemplativa que tiene también nuestra vida.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa