La “ecología” del trabajo

Dentro de esta semana, el próximo viernes, 1 de mayo, se celebra la Fiesta del Trabajo. Quisiera hacer unas reflexiones sobre esta realidad tan importante en la vida de las personas, especialmente en las actuales circunstancias. En primer lugar, conviene recordar que el trabajo es un elemento fundamental de la vida humana, y tiene diferentes dimensiones tales como el hecho de ser una  participación de la obra creadora de Dios, un servicio a los hermanos, una ocasión de colaboración con los demás, un medio de crecimiento y de santificación personal. Nuestro trabajo está compuesto por un conjunto de relaciones: con nosotros mismos, con los demás, con los productos o las obras que realizamos, con los servicios que ofrecemos, con el medio ambiente y con el impacto que tiene lo que hacemos en la ecología del mundo.

 

Todas estas relaciones se entretejen y adquieren sentido de forma individual y colectiva. Cuando nos centramos con exclusividad en los resultados, esas relaciones se ven perjudicadas. Si nos empeñamos únicamente en el éxito a costa propia y de los demás, más esquivo puede éste volverse. Es de gran importancia descubrir el sentido del trabajo.  El humanista Víctor Frankl insistía en que “la dignidad humana se rebela contra la idea de que el hombre es un mero instrumento en el proceso laboral, un mero medio de producción. La capacidad de trabajar no lo es todo; ni siquiera es una base esencial ni suficiente para una vida con sentido. Un hombre puede ser capaz de trabajar y no llevar una vida significativa; y otro, puede ser incapaz de trabajar y, a pesar de todo, llenar su vida de sentido”.

 

Un discípulo suyo, Alex Pattakos, estudioso también de las relaciones humanas en las empresas, escribe lo siguiente: “Cuando la dirección de una empresa se compromete con el sentido, sus empleados pueden encontrarlo con mayor facilidad: se trata simplemente de dejarse impregnar individualmente de ciertos valores significativos. Si se nos valora y aprecia, si se cuida de nuestro bienestar, nos sentimos instintivamente parte de un todo significativo. Pero no siempre es así. Sin duda, cuando la gerencia no manifiesta interés por los valores, resulta más difícil honrar el sentido en el trabajo, pero es en esos casos cuando nuestra iniciativa tiene más importancia” (“En busca del sentido” - Paidós Plural).

 

Cuando la obtención de beneficios es lo único que define las finalidades de una empresa o del trabajo de una persona y desaparecen las preocupaciones humanísticas y las normas éticas y morales, entonces acaba apareciendo una crisis como la que padecemos actualmente, en cuyo origen se encuentran grandes dosis de egoísmo, codicia, especulación, una economía en buena parte artificial y un deseo de enriquecimiento rápido al margen de toda ética.

 

Recordemos la etimología de la palabra “economía”. Esta palabra procede del término griego oikos, que significa “casa” y nomos, que significa “gestión, costumbre, norma o ley”. La economía comprende todos los aspectos tanto de la gestión de un hogar, como de una empresa, de un país, de una institución cultural o religiosa, o de todo un planeta. Por tanto, la economía tiene que ver con la comunidad, con la supervivencia, y ha de estar dotada de sentido. Ojalá nuestras economías sean reales y no ficticias, de sentido y no absurdas, solidarias y no egoístas, y propicien una verdadera ecología del trabajo humano.

+Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa