La alegría de Pascua

      Hemos llegado a la fiesta de Pascua, el centro de la fe cristiana, el centro también de todo el año cristiano. En domingos sucesivos, en especial durante la Cuaresma, hemos meditado algunos puntos de la exhortación apostólica de Benedicto XVI sobre la Palabra de Dios. En esta día de Pascua de resurrección, deseo compartir con mis lectores u oyentes lo que me parece que es el  núcleo y la intención fundamental de todo el documento de Benedicto XVI, que se podría formular así: Cristo resucitado, vive para siempre, y está con su Iglesia, está con nosotros, y está con todos cuantos se acercan a Él mediante la fe.

     La fiesta de Pascua es una ocasión para reavivar nuestro encuentro con Jesucristo en la comunión eclesial. Permitidme que os lo diga con las mismas palabras de Benedicto XVI: “Exhorto a todos los fieles a reavivar el encuentro personal y comunitario con Cristo, Verbo de la vida que se ha hecho visible, y a ser sus anunciadores para que el don de la vida divina, la comunión, se extienda cada vez más por todo el mundo”.

     Nos recuerda el Papa que participar en la vida de Dios, Trinidad de Amor, es alegría completa (cf. 1 Jn 1,4) “Y comunicar la alegría que se produce en el encuentro con la Persona de Cristo, Palabra de Dios presente en medio de nosotros, es un don y una tarea imprescindible para la Iglesia”.

     Benedicto XVI nos dice que en un mundo que considera con frecuencia a Dios como algo superfluo o extraño, confesamos con Pedro que sólo Él tiene “palabras de vida eterna” (Jn 6,68). Y añade el Papa. “No hay prioridad más grande que ésta: abrir de nuevo al hombre de hoy el acceso a Dios, al Dios que habla y nos comunica su amor para que tengamos vida abundante” (cf. Jn 10,10).

     Explica el Santo Padre, con su rigor de profesor y con su carisma de comunicador de la fe, que toda la historia de la salvación, adquiere en la Resurrección de Cristo su lógica y su verdadero sentido. La muerte de Cristo atestigua que la Palabra de Dios se hizo “carne, historia humana, y que pasó por la muerte según las Escrituras”. También la resurrección de Jesús tiene lugar “al tercer día según las Escrituras”: ya que –explica el Papa-, según la interpretación judía, la corrupción comenzaba después del tercer día, y así la palabra de la Escritura se cumple en Jesús que resucita antes de que comience la corrupción.

     En este sentido, San Pablo, transmitiendo fielmente la enseñanza de los Apóstoles (cf. 1 Co 15,3), subraya que la victoria de Cristo sobre la muerte tiene lugar por el poder creador de la Palabra de Dios. “Esta fuerza divina –añade el Papa- da esperanza y gozo. Es éste en definitiva el contenido liberador de la revelación pascual. En la Pascua, Dios se revela a sí mismo y manifiesta la potencia del amor trinitario que aniquila las fuerzas destructoras del mal y de la muerte” (VD 13).

     Esta quiere ser mi felicitación pascual: pedir que para todos nosotros, que a menudo caminamos desanimados como aquellos discípulos que retornaban a Emaús después de la muerte de Cristo, Cristo siga caminando con nosotros y nos comunique el consuelo y el ardor de la fe y del testimonio cristiano. Que nos lo conceda Santa María, a la que el Papa saluda en su exhortación con este título eminentemente pascual: “Madre de la alegría”.

     Que la alegría santa de Pascua acompañe a cuantos siguen estas comunicaciones, 

       + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa