La carne de Cristo y la carne del hermano

            Celebramos este domingo la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, la fiesta del Corpus Christi, en que la comunidad cristiana sale a la calle en la procesión en honor del Santísimo Sacramento. En un clima festivo y de adoración a la vez, agradecemos al Señor su gran amor y contemplamos la eucaristía como una llamada a la solidaridad con los hermanos y hermanas que más sufren sea por los motivos que sea. Motivos de dolor no faltan en la vida de las personas, bien por circunstancias personales, bien por circunstancias ambientales o sociales.

 

            A la hora de escribir esta comunicación, ha venido a mi memoria la breve homilía –breve, pero muy sustanciosa- que pronunció el Papa Francisco en la misa de canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II el pasado 27 de abril. En ella, me ha impresionado especialmente este párrafo: “San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia”.

 

            ¡Qué oportuna reflexión para la fiesta de Corpus Christi! En este día conviene que los cristianos sepamos a no escandalizarnos de la cruz de Cristo, expresión de amor a nosotros y a todos los hombres y mujeres del mundo. Si hoy, en la procesión, salimos a la calle, hemos de hacerlo en actitud de adoración al Señor, para dar un humilde testimonio de fe y de fraternidad para con todos, sin excluir a nadie. Y lo hacemos con una actitud de respeto al pluralismo religioso y  cultural de nuestra sociedad. No hay –no ha de haber- en nuestra expresión pública de la fe ninguna actitud de prepotencia o de imposición. Todo lo contrario.

 

Salimos acompañando el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, porque – a pesar de nuestras faltas- no nos escandalizamos de la cruz y de la resurrección de Cristo, de sus llagas gloriosas de Resucitado y vencedor de la muerte. Y sabemos que esto nos pide –como nos recuerda tan a menudo el Papa Francisco- no escandalizarnos de la carne y del hermano que sufre. ¿Qué quiere decir no escandalizarnos del hermano sufriente? Quiere decir sentirnos solidarios de sus llagas y actuar para aliviarlas, en cuanto nos sea posible, como hizo el buen samaritano del Evangelio con el hermano herido que encontró a la vera de su camino.

 

Corpus Christi es el día de la Eucaristía y el día de Cáritas. En este día os comunico, queridos diocesanos, que han culminado bien las gestiones para constituir nuestra Cáritas Diocesana. En los pasados primeros años de constitución de nuestra diócesis hemos trabajado conjuntamente con las Cáritas de las diócesis de Barcelona y de Sant Feliu de Llobregat. Esta buena colaboración ha permitido mantener prioritariamente el trabajo de nuestra Cáritas Diocesana en unos momentos en que era especialmente necesaria por la crisis que conocéis. Agradezco esta colaboración y la tarea de todas las personas que han hecho posible llegar a constituir nuestra propia Cáritas de la diócesis de Terrassa. Y mi especial gratitud a todas las personas que trabajan –a menudo de forma voluntaria- para ayudar a nuestra Cáritas y a todos que no se avergüenzan de las llagas de Cristo y de las llagas de sus hermanos y hermanas dolientes.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa