La dignidad de todo ser humano

            El día 10 de enero participé en un encuentro de Profesores de religión de nuestra diócesis, y en el momento del coloquio uno de ellos manifestó la dificultad que encuentran en el ambiente a la hora de presentar o defender los documentos de la Santa Sede en materia de Bioética. Se refería en concreto a la Instrucción de la Congregación para la Doctrina de la Fe- sobre cuestiones de bioética que lleva un significativo título: “La dignidad de la persona”, que se hizo pública el 12 de diciembre del pasado año.

 

En determinados medios informativos, cuando la Iglesia se posiciona desde su visión del hombre, sobre algunos avances de la investigación biomédica fácilmente su posición es presentada como retrógrada y opuesta a los avances de la ciencia. Por eso, me han parecido muy oportunas estas palabras del padre Federico Lombardi, portavoz de la Santa Sede: “En un nivel superficial uno puede tener la impresión de que el documento del Vaticano sobre bioética es una colección de prohibiciones y ‘noes’, pero no es éste el caso”.

            El documento comienza con las dos palabras que le dan el título: “Dignitas personae”, o sea, la dignidad de la persona, que se le debe reconocer a todo ser humano, desde su concepción hasta su muerte natural. Este primer principio fundamental expresa un gran sí a la vida humana, la “cual debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica”, como se afirma al mismo comienzo del documento.

El texto se inspira en dos principios fundamentales. El primero es que “el ser humano debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción y, por eso, a partir de ese mismo momento se le deben reconocer los derechos de la persona, principalmente el derecho inviolable de todo ser humano inocente a la vida”. El segundo principio fundamental  queda formulado de esta manera: “El origen de la vida humana tiene su auténtico contexto en el matrimonio y la familia, donde es generada por medio de un acto que expresa el amor recíproco entre el hombre y la mujer. Una procreación verdaderamente responsable para con quien ha de nacer es fruto del matrimonio.

A partir de estos dos principios, el texto se estructura en tres partes: la primera recuerda algunos aspectos antropológicos, teológicos y éticos de importancia fundamental; la segunda afronta los nuevos problemas relativos a la procreación; la tercera parte examina algunas nuevas propuestas terapéuticas que implican la manipulación del embrión o del patrimonio genético humano.

Cuando la Iglesia juzga desde el punto de vista ético algunos resultados de las recientes investigaciones de la medicina sobre el hombre y sus orígenes, la Iglesia no interviene en el ámbito de la ciencia médica como tal, sino que invita a los interesados a actuar con responsabilidad ética y social. Porque el valor ético de la ciencia biomédica se ha de medir en referencia tanto al respeto incondicional debido a cada ser humano, en todos los momentos de su existencia, como a la defensa de aquellos actos personales que transmiten la vida.

Deseo terminar esta sucinta reflexión recordando a todos la necesidad de una educación ética y moral para afrontar los problemas de la sexualidad, la transmisión de la vida y las investigaciones biomédicas. Los problemas que hoy se nos plantean en estos campos no pueden ser resueltos sin un recurso fundamentado a la ética y a la educación.

 

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa