La escuela y su misión educadora. 

Veíamos el domingo pasado que el deber de la educación concierne en primer lugar a los padres. Los padres son los principales educadores. Ahora bien, eso no es obstáculo  para que la tarea educativa se lleve a cabo con  la colaboración de otras personas o de otras instituciones, como la Iglesia y el Estado.
Los padres difícilmente pueden llevar a cabo todo el proceso educativo, sobre todo en lo que se refiere a la instrucción académica y al proceso de socialización, que requiere el contacto con otros niños de edad similar. Entre las instituciones educativas que colaboran con los padres la escuela es la más importante. La escuela desarrolla las facultades intelectuales, posibilita el acceso a la cultura, prepara a la vida profesional, enseña el sentido de los valores y de los criterios rectos, fomenta la relación interpersonal, la socialización, la convivencia y la tolerancia. La tarea de la educación en la escuela, en colaboración con la familia, es muy importante, difícil y apasionante.
Pero a menudo los profesores se sienten abrumados e incapaces de llevar cabo unas funciones educativas que les desbordan. Y se quejan de los padres porque les parece que éstos se inhiben en la educación de los hijos y no colaboran con los profesores. Parece como si delegaran toda la responsabilidad educativa en la escuela y no colaboran suficientemente. Ahora bien, por muy buena voluntad que pongan los maestros, no pueden ejercer el papel que sólo a los padres corresponde. Los padres también se quejan de que los maestros están poco vocacionados, de que no mantienen la disciplina. No se trata de culpabilizarse mutuamente sino de colaborar, de aplicar las sinergias  necesarias para lograr el objetivo.
En el leguaje coloquial decimos a veces “esta persona ha pasado por la universidad, pero la universidad no ha pasado por ella”. Lo mismo se puede aplicar a la escuela en el caso de los más pequeños o los adolescentes. En una sociedad en que cada vez están más presentes los productos light, corremos el riesgo de que la educación sea light y de acabar formando hombres y mujeres light para el futuro. Eso se debe al cansancio ante las dificultades propias de nuestro tiempo, o quizá también a que a base de huir de los autoritarismos que nos tocó soportar estamos en el otro extremo y acabaremos sufriendo el autoritarismo de los niños y adolescentes de hoy.
¿Cuántas veces hay que repetir una indicación para que el niño obedezca? Decenas de veces. Antes sólo una vez, o varias a lo sumo. Es como si entendieran las cosas pero no las asimilaran, como si las vieran en la pantalla del ordenador, pero no clicaran en la tecla que dice guardar. Escuchan y parece que entienden, pero no asimilan, no integran. Hay una palabra que me parece clave en la educación: incidir. Incidir tiene diferentes significados. Yo me refiero a incidir en cuanto a inscribir, a grabar, a causar efecto en una cosa, a repercutir en una cosa, a influir en ella. Por desgracia, parece que hoy día en la educación tiene más incidencia la televisión que los padres y profesores. Y hemos pasado del angelismo de Heidi o Marco, a la violencia de algunas series de dibujos animados o a la grosería de Sin Chang.
Los maestros y educadores se merecen una felicitación y un agradecimiento por el coraje que demuestran eligiendo ese camino. Yo mismo estuve tres cursos como profesor en mis primeros años de sacerdote y me hago la idea de las dificultades. Su trabajo es muy importante en la transmisión de conocimiento y de cultura y sobre todo trabajando aspectos como la convivencia, la tolerancia, las relaciones interpersonales, la socialización. Qué importante es su tarea equilibrando las relaciones del grupo de alumnos que cada año pasa por su aula. Qué grande es ayudar a cada alumno a desarrollar sus potencialidades, que son tantas. Ojalá nuestros maestros y profesores vuelvan a ser un punto de referencia no sólo en la transmisión de conocimientos, sino también en las orientaciones para la vida.

+Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa