La familia y la experiencia de la comunicación

            La Iglesia celebra este domingo la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. El papa Francisco ha querido que el tema de la jornada de este año fuese el de la comunicación y la familia, puesto que el pasado mes de octubre se celebró un Sínodo de los obispos extraordinario sobre la familia y el mes de octubre próximo se celebrará un Sínodo –éste de carácter ordinario- sobre el mismo tema.

            El Papa habla, en el mensaje sobre esta jornada, de la experiencia de la comunicación en la familia, sobre todo entre padres e hijos. La primera ya se da en el seno materno, y se trata de una experiencia  “hecha de escucha y de contacto corporal, donde comenzamos a familiarizarnos con el mundo exterior en un ambiente protegido y con el sonido tranquilizador de los latidos del corazón de la madre”. Este encuentro, esta primera relación en el claustro materno, se convierte en la primera experiencia de comunicación. 

            Después del nacimiento, la comunicación está llamada a prolongarse y acrecentarse, porque permanecemos en un ámbito concreto,  que es la familia. La familia -dice el Papa- “es el lugar en que se aprende a vivir en la diferencia, diferencias de géneros y de generaciones, que comunican sobre todo en el hecho de acogerse mutuamente, porque entre ellos existe un vínculo. Y cuanto más amplio es el abanico de estas relaciones y más diversas son las edades, más rico es nuestro ambiente de vida”.

            En la familia se aprende a hablar la lengua materna; es decir, la lengua de nuestros antepasados, un vehículo privilegiado de comunicación entre nosotros, heredado de los que nos han precedido en la vida.

            Entre las aplicaciones que hace el mensaje del Papa para la jornada de hoy he encontrado varias que me parecen significativas. No todas caben en la brevedad obligada de este escrito. Pero hay una a la que deseo referirme, porque la considero de gran importancia para nuestro tiempo. Me refiero a la comunicación con Dios en la familia, es decir, a la plegaria. La oración –dice el Papa- es una forma fundamental de comunicación.

            “Cuando la madre y el padre acuestan para dormir a sus hijos recién nacidos

–dice Francisco-, a menudo les confían a Dios para que cuide de ellos, y cuando los niños son algo mayores, recitan con ellos las oraciones sencillas, recordando con afecto a otras personas: los abuelos y otros familiares, los enfermos y los que sufren, y todos aquellos que más necesitan la ayuda de Dios”.

            En la familia se vive en comunidad los hechos de la vida cotidiana. Me parece que desgraciadamente nuestro ambiente secularizado provoca en no pocas ocasiones la ausencia de la experiencia de la plegaria. No existe la familia perfecta. Por eso la familia ha de ser una escuela de oración y de perdón, ya desde los primeros años. Nunca –creo- insistiremos bastante en la trascendencia de la primera experiencia religiosa de los niños en el seno de la familia. Pido a los padres y madres que quieran meditar en la importancia de este aspecto de su misión.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa.  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa