La fuerza evangelizadora del Papa Francisco

Deseo que los que ya habéis podido leer la exhortación apostólica “La alegría del Evangelio” (Evangelii Gaudium: EG)  hayáis quedado tan impresionados como yo por la fuerza evangelizadora que respira todo el documento. ¡Demos gracias a Dios por este Papa venido desde la vitalidad y la raíz profundamente popular del catolicismo latinoamericano.

 

Esta fuerza evangelizadora se manifiesta sobre todo en la primacía que da el Papa al encuentro con Jesucristo. ¿Se puede ser cristiano, acaso, a partir de otro punto de partida? Por supuesto, que no. En este sentido, es muy significativa la cita que hace Francisco de su predecesor, Benedicto XVI, al escribir: “No me cansaré de repetir aquellas palabras de Benedicto XVI que nos llevan al centro del Evangelio: ‘No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o por una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da un nuevo horizonte a la vida y, con esto, una orientación  decisiva”. Este es un pensamiento muy citado de la primera carta encíclica de Benedicto XVI, titulada -como se recordará- Dios es amor ( Deus caritas est, n.1.).

 

Francisco comenta ampliamente este pensamiento de su antecesor, en unos términos muy vivos, al decir. “No es lo mismo haber conocido a Jesús que no haberlo conocido; no es lo mismo caminar con él que caminar a tientas; no es lo mismo poder escucharle que ignorar su Palabra; no es lo mismo poder contemplarlo, adorarlo, descansar en él, que no poder hacerlo” (EG, nº 266).

 

Y aun abunda más en esta presentación misionera de la fe –los teólogos dirán que es “kerigmática”, es decir, esencial-  cuando añade: “No es lo mismo tratar de construir el mundo con su Evangelio que hacerlo sólo con la propia razón. Sabemos bien que la vida con él se convierte en mucho más plena y que con él es más fácil encontrar un sentido a todo. Por esto evangelizamos” (EG, nº 266).

 

La Cuaresma es tiempo propicio para descubrir lo que nos da Cristo, lo que nos aporta el Evangelio. La Cuaresma es tiempo de ver, de ver con los ojos de la fe. Este es precisamente el mensaje central de la lectura evangélica de este cuarto domingo del camino cuaresmal.  El evangelio del ciego nos ha llevar a rezar así: “Señor haz que vea; que vea con los ojos y con la luz de la fe.”

 

¿Qué bella expresión es la que utiliza el Papa en la exhortación citada (n. 266), al decir: “El verdadero misionero nunca deja de ser discípulo!. Esto vale para todos los cristianos, y en especial para los religiosos y religiosas, para los sacerdotes y los diáconos, para los profesores de religión y los catequistas. Y para los obispos, ¿cómo no? Seremos evangelizadores –con la gracia de Dios- si nos esforzamos en ser nosotros mismos evangelizados. ¿Y cómo podemos saber si somos evangelizados por Jesús? Responde Francisco: “Si sabes que Jesús camina contigo, habla contigo, respira contigo, trabaja contigo. Si percibes a Jesús vivo en medio de tu tarea misionera. Si no lo descubrimos presente en el corazón mismo de la entrega misionera, pronto se pierde el entusiasmo y la seguridad en aquello que se transmite, al misionero le falta fuerza y pasión. Y una persona que no está convencida, entusiasmada, segura, enamorada, no convence a nadie” (EG, nº 266).

 

¡Bella meditación cuaresmal la del Papa Francisco!

 

+ Josep Ángel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa