La fuerza transformadora de la oración

    La fuerza transformadora de la oración

Cada segundo domingo de Cuaresma tiene como eje central de la celebración litúrgica la transfiguración del Señor, que prepara el camino y el paso de un “éxodo” de Jesucristo que lo llevó hasta la Pascua.

En el evangelio de Lucas que hoy leemos hay unas cuantas indicaciones que pueden ser buenas pautas para el sacerdote y para todo creyente y todo cristiano. Vemos cómo al hacer experiencia de oración, Jesús se transforma. Jesús se retira a lo alto de un monte para rezar. La oración es un momento importante que exige recogimiento e intimidad. Por eso, sólo serán testigos los discípulos más íntimos: Padre, Santiago y Juan. Lo mismo sucederá en el momento dramático de Getsemaní. En ambos casos los discípulos se duermen, sin embargo Lucas nos precisa el efecto transformador de la oración. Y la persona de Jesús rezando irradia la gloria de Dios.

La Iglesia también está llamada a dar testimonio de la fuerza transformadora de la oración. Ésta es como la respiración del creyente. Decía el cardenal Franz Koenig, que fue arzobispo de Viena: “Si rezas, sé que eres creyente; si no rezas, no sé si lo eres”.

La función de la Transfiguración es animar a los discípulos ante la perspectiva del camino de la cruz, que puede provocar en ellos no solamente un rechazo instintivo sino también una duda sobre la divinidad de su Maestro a quien muy pronto verán rechazado, condenado, crucificado.

Una de las prácticas de la llamada “ejercitación cuaresmal” –esto es, una acción, una actividad a hacer- precisamente es la oración. Se trata de la primera de las prácticas cuaresmales.

En este Año sacerdotal que estamos celebrando, quisiera remarcar la importancia de la oración en la vida y en el ministerio de los sacerdotes. Para no hacer una reflexión demasiado teórica, me parece bueno referir la fuerza que tuvo la plegaria en el ministerio de aquel sencillo párroco de un pueblo rural que fue el cura de Ars, San Juan María Vianney. El objetivo fundamental del santo párroco consistirá en la conversión de todas y cada uno de sus feligreses. Y la oración incesante que cada día dirige a Dios profusamente en la iglesia parroquial, o en el silencio de la noche, será el eje pastoral de toda su vida. “Dios mío, concédeme la conversión de mi parroquia, acepto sufrir todo lo que quieras durante mi vida entera”.

Con esta actitud inicia su ministerio en Ars y esta será la plegaria que repetirá  incesantemente para alcanzar el objetivo pastoral que se proponía. A la oración añadió muchos ayunos y penitencias.

Pero el joven sacerdote que había llegado a Ars no era tan sólo un hombre de oración y de penitencia; era también un hombre de acción. No es verdad que las personas de oración sean personas inactivas. La fuerza humilde de la oración empuja  a los místicos a actuar en favor de los demás, sobre todo de los más pobres y desvalidos.

Aunque sus métodos de apostolado responden a un contexto concreto y a un tiempo determinado, en muchos aspectos muy diferentes a los nuestros, la oración llevó al cura de Ars a trabajar para ganarse a la juventud, a santificar los hogares, a estar atento a las necesidades de sus feligreses, a fundar escuelas para la formación cristiana y a promover misiones parroquiales.

En resumen: un trabajo incansable cuya alma era la oración de aquel santo sacerdote que afirmaba: “la oración es para nuestra alma lo que la lluvia es para la tierra. Ya podéis preparar la tierra tan bien como podáis, si le falta la lluvia todo lo que hagáis de nada servirá”.

+ Josep Àngel saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa