La Iglesia nace en las almas

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

El título de este comentario procede de un libro de Romano Guardini, el teólogo italiano-alemán que tuvo una gran influencia en la Iglesia de la primera mitad del siglo XX y que también ha influido tanto en Benedicto XVI como en Francisco, dos papas que han dejado constancia de su admiración por este autor.  Se trata de una obra –“El sentido de la Iglesia”-, que promovía la renovación del sentido eclesial que se vivía en aquellos momentos (año 1922) y que comienza con estas palabras: “Un proceso de incalculable alcance se ha iniciado: el despertar de la Iglesia en las almas”.

El obispo Pere Tena, en un artículo que dedicó a este teólogo, resumía así el sentido de la obra: “La Iglesia no es sólo algo externo, visible e institucional. También es esto, sin duda; pero la Iglesia es una realidad espiritual, una comunión de  vida trinitaria ante todo, y esto que es invisible, tiene a su servicio todo aquello que es visible. La profundidad del sentido de Iglesia está en las almas”.

Los primeros días del mes de noviembre constituyen una oportunidad magnífica para entrar en el sentido de la Iglesia. La solemnidad de Todos los Santos se convierte en una ocasión para contemplar, en la fe, el esplendor de la Iglesia. De hecho, es así como la describe el prefacio de la misa del día: “La gloria de la Jerusalén celestial, que es nuestra madre, donde os alaba por siempre la reunión festiva de los santos”.

Los santos son la Iglesia en su plenitud. No se trata de una multitud anónima, sino de aquellas personas que han vivido con profundidad la fe, guiadas por el don del Espíritu Santo y que han enriquecido a la Iglesia con su respuesta fiel a la vocación cristiana. Cada diócesis, cada orden o congregación religiosa, cada comunidad parroquial e incluso cada familia cristiana y cada persona tiene en su memoria el nombre de hombres y mujeres en los que se ha cumplido esta realidad: que la Iglesia creció en sus almas. Y lo celebramos, con agradecimiento al Señor al comienzo de noviembre.

La Conmemoración de todos los fieles difuntos es otro momento fuerte en el que vivimos el sentido de Iglesia. Rezar por los difuntos es un acto de fraternidad, una expresión de la solidaridad de la Iglesia que peregrina en la  tierra con la Iglesia que se purifica, encomendándola a la Iglesia triunfante de la gloria del cielo,

Orar por los difuntos, por todos los difuntos –a lo que nos conduce, con una sabia pedagogía, la liturgia- es confesar nuestra fe en la misericordia de Dios, a lo que nos invita de manera especial el papa Francisco en el Año Santo extraordinario de la Misericordia, que iniciaremos dentro de un mes, en la solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Por el amor del Padre, la gracia de Jesucristo y el don del Espíritu Santo, la Iglesia, realidad visible y a la vez invisible, “nace y crece en las almas”. En todo tiempo y lugar. Esta es la esperanza que nos llena de consuelo y de gozo, y que estamos llamados a vivir y a llevar a la plegaria en estos primeros días de noviembre.

+Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa