La misericordia puesta en práctica

ESCUDO EPISCOPAL SAIZ

Entre el material que el Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización ha publicado para celebrar el Año Santo de la Misericordia se encuentra un librito que se titula Los santos en la misericordia. Se explica que se eligió este titular, en vez de usar la expresión más tradicional de “Los santos de la misericordia”, porque estos santos y santas “llegaron a ser misericordiosos con el prójimo porque antes se dejaron impregnar por la infinita Caridad de Dios. Se convirtieron en misericordiosos porque antes se sintieron inundados por la Divina Misericordia”. Esta es la razón del titulo escogido: los santos en la misericordia.

Uno de ellos es el santo cura párroco de Ars (Francia), san Juan Bautista Vianney (1786-1859), patrono de los párrocos de todo el mundo; su fiesta se celebró el 4 de agosto, hace pocos días.. Le gustaba repetir con frecuencia: “El sacerdocio es el amor del corazón de Jesús”. Y añadía: “Un buen pastor, un pastor según el corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”.

Las más preciosas imágenes bíblicas del Dios bueno eran recurrentes en su predicación. ¡Y pensar que estuvo a punto de no ser ordenado sacerdote porque tenía dificultades con el latín!... Pero había recibido el don de la santidad, que es lo fundamental, antes que otros dones. Y por esto la vida de un santo es predicación viva por el poder de la gracia de Dios. “Nuestro Señor –explicaba a sus parroquianos de Ars- es en la tierra como una madre que lleva a su niño en brazos. Este niño es malo, da patadas a su madre, la muerde, la araña, pero la madre no hace ningún caso; sabe que si cede, el niño cae porque no puede caminar solo. Así es Nuestro Señor, soporta todos nuestros malos tratos, todas nuestras arrogancias, nos perdona todas nuestras tonterías, tiene piedad de nosotros a pesar de nosotros mismos”.

Y cuando escuchaba los elogios porque en su pequeña parroquia desembocaba, de toda Francia, un río de pecadores en busca del perdón, aclaraba. “No es el pecador el que primero vuelve a Dios para pedirle perdón, sino que ante todo es Dios mismo quien corre tras el pecador y lo hace volver a él”. De esta convicción arranca la sentencia que dice “Dios tiene más deseos de perdonarte que tú de pedirle perdón”, o la sentencia que, con un neologismo latinoamericano, ha hecho popular el Papa Francisco: “Dios siempre nos primerea  (toma la iniciativa) con su amor, que no se cansa nunca de perdonarnos; no nos cansemos nosotros de pedirle perdón”.

Cuenta el papa Francisco esta anécdota en su libro-conversación El nombre de Dios es misericordia: “Recuerdo un padre capuchino que ejercía su ministerio en Buenos Aires y era más joven que yo. Una vez vino a verme y me dijo: “Necesito tu ayuda. Tengo mucha gente en el confesionario, de toda condición. Les perdono mucho y a veces experimento un escrúpulo, el escrúpulo de haber perdonado demasiado’. Hablamos de la misericordia y le pregunté qué hacía cuando experimentaba ese escrúpulo. Me respondió: “Voy a nuestra pequeña capilla, frente al tabernáculo y le digo a Jesús: ‘Señor, perdóname porque he perdonado demasiado. Pero eres Tú que me has dado tan mal ejemplo’. No me olvidaré jamás de esto”, añadió el papa Francisco, que ejerció durante un tiempo el ministerio de confesor en la ciudad argentina de Córdoba, antes de ser nombrado obispo auxiliar de Buenos Aires.     

+ Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa