La Palabra del Señor, tesoro de la Iglesia

      En la fiesta de San Jerónimo, un servidor excepcional de la Palabra de Dios, el Papa Benedicto XVI firmó uno de los documentos más importantes de su pontificado. Se trata de la exhortación apostólica “La Palabra del Señor”, que recoge las aportaciones del Sínodo general de los obispos celebrado en octubre de 2008 y que estuvo dedicado a la Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia. El tiempo de Cuaresma, que comenzaremos el próximo día 9, Miércoles de Ceniza, es un tiempo oportuno para profundizar en la Palabra de Dios.

     Como dice el Papa en la introducción del documento, se trata de comunicar al pueblo cristiano, en todos sus estamentos, la riqueza doctrinal i espiritual de aquella asamblea. El objetivo del documento es el de “indicar algunas líneas fundamentales para revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia, fuente de constante renovación, deseando al mismo tiempo que ella sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial”.

     El hilo conductor de la exhortación es el Prólogo del Evangelio de San Juan, un texto que ofrece una bella y profunda síntesis de toda la fe cristiana: la Palabra que en un principio estaba con Dios y era Dios, se encarnó y puso su tabernáculo entre nosotros. El documento se divide, por ello, en tres partes principales: Verbum Dei (la Palabra de Dios, Juan 1,1.14), Verbum in Ecclesia (la Palabra en la Iglesia, Juan 1,12) y Verbum mundo (la Palabra para el mundo, Juan 1,18).

     Las tres partes están ilustradas con numerosas citas de los Padres de la Iglesia, de los documentos de la Pontificia Comisión Bíblica, de la constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II – un documento de una gran importancia en la renovación bíblica de la Iglesia católica - y de los escritos de Juan Pablo II y del mismo Benedicto XVI.  La primera parte es de una gran densidad teológica, mientras que las otras dos son de carácter más pastoral  y contienen muchas propuestas concretas y actuales.

     La segunda parte se concentra en la liturgia como lugar privilegiado de la Palabra de Dios. Después de tratar de la relación entre la Palabra y los sacramentos, entre la Palabra y la Eucaristía y la palabra sacramental y la importancia del leccionario, Benedicto XVI aborda cuestiones prácticas, como la formación de los lectores –una formación que ha de ser, dice, “bíblica, litúrgica y técnica”- o la necesidad de mejorar la calidad de las homilías. “Debe quedar claro a los fieles –se lee en el número 59- que lo que interesa al predicador es mostrar a Cristo, que tiene que ser el centro de toda homilía. Por eso se requiere que los predicadores tengan familiaridad y trato asiduo con el texto sagrado, que se preparen para la homilía con la meditación y la oración, para que prediquen con convicción y pasión”.

     “La Palabra para el mundo” es el título de la tercera parte, que se concentra en la misión que tiene la Iglesia de anunciar la Palabra de Dios al mundo, a sus compromisos y a las diferentes formas de estar presente en la sociedad, a la relación entre la Palabra de Dios y la cultura y a la palabra de la Biblia y el diálogo interreligioso.

     Estamos, pues, ante un documento de gran calado. Es un verdadero regalo del Señor este documento papal, que pude propiciar una renovación en profundidad de la vida de toda la Iglesia. La intención de este texto no es otra que la de ayudar a revalorizar la Palabra divina en la vida de la Iglesia y comunicar la alegría que supone en el encuentro con Cristo. Con la Palabra de Dios estamos en el corazón mismo de la vida cristiana y en lo que constituye el verdadero tesoro de la Iglesia.

     + Josep Àngel  Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa