La parroquia, comunidad espiritual y educadora

El pasado 10 de septiembre, durante su viaje a Baviera, el Papa presidió el rezo de las vísperas en la catedral de Munich. Asistieron a la ceremonia niños y niñas que se están preparando para la primera comunión, uno o una por cada una de las cuatrocientas parroquias de la archidiócesis muniquesa. Un acto muy bello, dijeron los cronistas, en el que también participaron jóvenes, familias, catequistas y profesores de religión. En sus palabras finales, el Papa pidió a los sacerdotes que hicieran todo lo posible para que cada parroquia sea una "comunidad espiritual, una gran familia en la que se viva la experiencia de una familia aún mayor, la Iglesia universal, y en la que con la liturgia, la catequesis y todos los acontecimientos de la vida parroquial se aprenda a caminar juntos en el camino de la vida verdadera". El Papa concluyó sus palabras afirmando que los "tres lugares de educación -la familia, la escuela y la parroquia- avanzan juntos y nos ayudan a encontrar el camino que conduce a las fuentes de la vida, a la «vida en abundancia»". En estas reflexiones sobre la educación, hoy es el momento de pensar en la función educativa de la parroquia. La parroquia tiene unas grandes posibilidades formativas para los niños y los jóvenes, especialmente en las celebraciones litúrgicas, en las celebraciones de la fe, en las que -si son adaptadas a ellos- tienen ocasión de escuchar y acoger la Palabra de Dios que transformará sus vidas con la gracia divina que se comunica sobre todo en los sacramentos. El Concilio Vaticano II, en su constitución sobre la liturgia, recomienda que "se fomente la vida litúrgica parroquial" y que "se trabaje para que florezca el sentido de comunidad parroquial, sobre todo en la celebración común de la misa dominical" (SC 42). Benedicto XVI, siguiendo a uno de los pensadores cristianos que más admira, el teólogo Romano Guardini (1885-1968), recomienda también con frecuencia cultivar las celebraciones litúrgicas y potenciar su pedagogía y asimismo centrar la fe en la persona de Jesucristo. Junto a la celebración de la liturgia, en especial la misa dominical y las celebraciones de los sacramentos, la parroquia ofrece otras posibilidades de formación y educación de todos, pero especialmente de los niños y los jóvenes, en la apertura al hermano necesitado, en el encuentro con los hermanos de la comunidad e incluso en el esparcimiento, el deporte, el tiempo libre. Hablaré de este aspecto de la vida parroquial, Dios mediante, en mi próximo escrito semanal. Hoy me he querido centrar en lo más importante, siguiendo las enseñanzas de Benedicto XVI en Munich. Que la parroquia sea una comunidad espiritual en la que sus miembros se abren a Dios y a los demás, conviven y comparten, viven su fe y se preparan para ser testigos de ella en medio del mundo. Celebramos hoy la jornada del Domund, centrada en la figura del gran misionero navarro san Francisco Javier (1506-1552), al celebrarse el quinto centenario de su nacimiento. El lema de este Domingo Mundial de la Propagación de la Fe (Domund) es "San Francisco Javier, testigo y maestro de la misión". Junto con santa Teresa del Niño Jesús, este santo es el patrono universal de las misiones. El pasado verano tuve la oportunidad de reunirme con jóvenes de todo el país en el castillo de Javier, evocando el testimonio de este gran misionero. A él encomendamos a nuestros misioneros y misioneras que trabajan en las jóvenes Iglesias locales de los territorios misionales. Pero también le encomendamos la dimensión misionera de nuestras parroquias, sobre todo hacia los niños y los jóvenes, los cristianos del futuro. + Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa