La Pascua del enfermo

            Con el lema “Creer, celebrar y vivir la eucaristía”, llega a su culminación la llamada “Campaña del enfermo”, que comienza el 11 de febrero, fiesta de Nuestra Señora de Lourdes y Jornada Mundial del Enfermo, y se prolonga hasta el actual cuarto domingo de Pascua, día en que las comunidades cristianas son invitadas a valorar y a revisar su relación con aquellos de sus miembros que pasan por la prueba de la enfermedad, tanto en sus hogares como en los centros hospitalarios o sociosanitarios.

El lema de este año, centrándose en el misterio eucarístico, propone estas tres exigencias: acogerlo en la fe (creer), ponerlo en el centro de la liturgia (celebrar) y convertirlo en principio inspirador de nuestra acción (vivir). Muchos de mis lectores recordarán que este lema recoge las partes que estructuran la carta exhortación apostólica de Benedicto XVI titulada “El sacramento de la caridad”, publicada el año 2007 y en la que el Papa actual proponía a toda la Iglesia las conclusiones del Sínodo de los Obispos sobre la eucaristía.

La celebración de la Pascua del enfermo es una ocasión oportuna para revisar la relación de la eucaristía con los enfermos. El Papa, en uno de los apartados del documento que he citado lo dice explícitamente: “Teniendo presente la condición de los que no pueden ir a los lugares de culto por motivos de salud o edad, quisiera llamar la atención de toda la comunidad eclesial sobre la necesidad pastoral de asegurar la asistencia espiritual a los enfermos, tanto a los que están en su casa, como a los que están hospitalizados” (n. 58).

En el Sínodo de los Obispos sobre la eucaristía se hizo referencia a los enfermos varias veces. El Papa recoge el deseo del Sínodo al decir que “se ha de procurar que estos hermanos y hermanas nuestros puedan recibir con frecuencia la comunión sacramental. Al reforzar así la relación con Cristo crucificado y resucitado, podrán sentir su propia vida integrada plenamente en la vida y la misión de la Iglesia mediante la ofrenda del propio sufrimiento en unión con el sacrificio de nuestro Señor”.

Este texto es una bella síntesis de teología, de pastoral y de espiritualidad. Toda la vida del bautizado –lo recordamos especialmente en este tiempo pascual- es una creciente unión de la vida del bautizado con la vida de Jesucristo, en especial con su “paso” (pascua) de este mundo al Padre. La acción de la  Iglesia al servicio de los enfermos está destinada sobre todo a que éstos integren su vida en la del Señor Jesucristo, vencedor del mal y de la muerte. La espiritualidad de la persona enferma ha de aportarle el sentido a su sufrimiento: en Cristo no hay dolor inútil, porque él, aceptando la cruz, la convirtió en signo de esperanza, en tránsito hacia la plenitud de vida.

Todo se resume, pues, en este bello lema de la Pascua del enfermo de este año: “Creer, celebrar y vivir la eucaristía”. Doy las gracias a todos los hijos e hijas de la Iglesia –sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, fieles laicos, hombres y mujeres- que trabajan en la atención pastoral a los enfermos, en especial a los que cumplen el valioso servicio de llevarles la comunión eucarística a sus casas o a los centros en que están acogidos y cuidados. Y con la eucaristía les llevan también el afecto, la ayuda moral y espiritual y el sentido de la comunión con toda la Iglesia. Que Dios bendiga vuestra valiosa labor. No os canséis nunca de llevarla a cabo, porque sois las manos y los pies de nuestro Señor Jesucristo, que siempre fue un “profeta de la compasión” con los que más sufrían y le pedían ayuda.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

  Obispo de Terrassa

 

La versión en catalán llevara como grabado el cartel de la Pascua del Enfermo con el lema que se comenta en este escrito.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa