La principal opción educativa

La Jornada Mundial de la Juventud, en su vigésima primera edición, ha marcado la actualidad religiosa de este mes, sobre todo en Sydney (Australia) por los jóvenes procedentes de todo el mundo, pero también en Lourdes, donde jóvenes de toda Europa –del Este y del Oeste- se han reunido y se han unido espiritualmente a las celebraciones presididas por Benedicto XVI en el continente austral.

            La Jornada Mundial de la Juventud es una herencia espiritual del gran Papa que fue Juan Pablo II. El Papa actual lo reconoció en su primer saludo a los jóvenes que asistieron a la jornada del año 2005, celebrada en Colonia: “Este gran papa –dijo refiriéndose al Pala polaco- supo comprender los desafíos a los que se ven confrontados los jóvenes y, afirmando su confianza en ellos, no dudó en invitarles a ser unos testigos valientes del Evangelio y constructores intrépidos de la civilización de la verdad, del amor y de la paz”.

            Esta actitud del Papa Wojtyla estaba inspirada en el amor. Y en este sentido se convierte en un gran ejemplo para todos cuantos trabajamos en la pastoral juvenil.

            El animador de pastoral juvenil ha de experimentar el amor de Dios en su vida, y eso le confiere una plenitud afectiva que le permite entregarse desinteresadamente a su tarea. A la vez, hace camino con los jóvenes, convive con ellos, está a su servicio y les ayuda a experimentar el amor de Dios y el amor de los hermanos.

            Este amor se ha de manifestar en todas las circunstancias de la vida, especialmente en las dificultades, y ayuda al joven a superar los problemas y crecer como persona y como cristiano.

            Este mismo amor es el que ha de llevar al animador a una entrega generosa, a vivir en actitud de darse, de entregar su vida tanto en los pequeños como en los grandes acontecimientos de su servicio a los jóvenes. El amor a Cristo y el amor a los jóvenes es una sola opción para quien quiera introducirlos en el ámbito de la fe cristiana. El amor es, también en este campo, la principal opción educativa. Y la única que, a la corta y a la larga, se revela como fecunda y generadora de futuro.  

Dios mismo se nos ha revelado como amor: “Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él” (1Jn 4, 16). Nosotros estamos llamados a recibir, vivir, compartir y proyectar ese amor de Dios. Porque sólo desde la vivencia del amor de Dios podemos crecer como personas y como cristianos. Y sólo desde la  vivencia del amor podemos llevar a cabo la pastoral de la juventud.

Precisamente por esto, en la anterior Jornada Mundial de la Juventud, Benedicto XVI centró la homilía de la misa de clausura en una gran catequesis sobre la eucaristía y su fuerza transformadora de las personas y del mundo. Quienes nos encontrábamos aquel domingo, 21 de agosto de 2005, en la gran explanada de Marienfeld, cerca de Colonia, no olvidaremos nunca las palabras con las que el Papa explicó a los jóvenes la gran transformación que operó Cristo, de la que la eucaristía es el memorial y la actualización: “La violencia exterior contra Cristo se transforma, en él, en un acto de amor, y la muerte en vida. Es como una especie de fisión nuclear en lo más íntimo del ser: la victoria del amor sobre el odio, la victoria del amor sobre la muerte. ¡Sólo esta transformación puede cambiar el mundo!”

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

   Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa