La Virgen de agosto, la Pascua de Maria

El 15 de este mes se celebra la fiesta de la llamada “Virgen de agosto”. No es la fiesta más antigua de la Madre del Señor, pero sí que es sin duda la más popular. Muchas localidades celebran en ese día su fiesta mayor.

 

En ese día celebramos sobre todo el “paso” de María de este mundo a la gloria. Las Iglesias de Oriente, con las que compartimos esta fiesta, hablan de la “dormición” de Santa María. Estamos ante un gran misterio –o acontecimiento- de la fe, de la llamada “historia de la salvación”: María comparte ya, en cuerpo y alma, la vida de su Hijo Jesús, la vida de la resurrección, aquella  vida que todos esperamos vivir un día, plenamente y para siempre.

 

Pío XII, en el año 1950, definió como dogma de fe que María, terminado el curso de su vida terrena, fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Por eso, puede decirse que la fiesta de la Asunción es “la Pascua de María”, su paso de este mundo al Padre y  junto a su Hijo Jesucristo, Dios y hombre verdadero.

 

Como afirma el Concilio Vaticano II, “María es signo de esperanza firme y de consuelo para todo el Pueblo de Dios que está en camino”. Por eso, ante la fiesta de la Virgen de agosto pido a todos que seamos devotos de la Santísima Virgen, que es para nosotros signo y esperanza de salvación.

 

Imitemos en esto a nuestro buen papa Francisco, que es muy devoto de la Madre del Señor. El padre Antonio Spadaro, director de la revista “Civiltà Católica”, que entrevistó al Papa a los pocos meses de ser elegido, nos explicó en la buena compañía en la que trabaja Francisco en su modesto estudio de la Residencia de Santa Marta del Vaticano, donde vive. Le acompañan las imágenes de Jesús, José y María y la de San Francisco de Asís.

 

Teniendo presente el pasaje del Evangelio que se lee en esta fiesta, la visita de María a su prima Santa Isabel (Lc 1,39-56), recuerdo unas palabras pronunciadas por el cardenal Bergoglio en Buenos Aires, el 24 de mayo de 2009. El Papa, entonces, llamaba a María cariñosamente la “memoriosa”, porque siempre nos recuerda a Cristo y nos recuerda a nosotros ante su Hijo. Termino citando sus palabras: “Así caminó siempre María. Ella, apenas recibido el anuncio del Ángel, se levantó y se puso en camino para ir a servir a su prima. Ella, la que guardaba todas las cosas de Jesús en su corazón. Ella, la que acompañó a su Hijo en el camino de la cruz y acompaña a la Iglesia peregrina hacia la casa del Padre. Ella, la que permanece en el amor, la memoriosa de las gestas de Dios, la que siempre se pone en camino”.

 

Que ella nos ayude a todos a ponernos hoy también en camino hacia los hermanos y hermanas de las periferias geográficas, sociales y existenciales, como nos pide el papa Francisco. Deseo que siempre ella nos acompañe y deseo también una santa fiesta de la Asunción a todos.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa