Las cenizas de la vanidad y la harina del bien

           El próximo miércoles, 18 de febrero, es Miércoles de Ceniza, la puerta de entrada al tiempo de Cuaresma, que es camino de preparación para la fiesta de Pascua. Ahora se valora mucho el lenguaje simbólico. Y precisamente ese miércoles  tiene lugar un símbolo muy significativo: el de la ceniza, de la que se nos impone una pequeña cantidad en la frente acompañada de unas palabras que nos exhortan a la conversión.

Quemar algo y convertirlo en cenizas equivale a destruirlo. La ceniza simboliza lo transitorio y lo efímero, aquello que mucho aparenta y que, en sustancia vale poco. La ceniza es símbolo de la vanidad. Hay un dicho catalán que no es de los más conocidos, pero que resulta muy expresivo: “Replegar la cendra i escampar la farina”, traducido literalmente: “Recoger la ceniza y esparcir la harina”. Es decir, dedicarse a recoger y acaparar las cosas de poco o nulo valor y  en cambio esparcir y perder las más importantes.

¡Cuantas veces podemos hacerlo nosotrosen la vida! Sobre  todo si la convertimos en una feria de vanidades. La Cuaresma nos invita a convertir lo efímero en cenizas y a recoger la harina de lo que es más valioso ante Dios. Nos invita también a la conversión, que se expresa en la palabra griega “metanoia”; esta palabra indica un cambio de dirección y un enfoque en la correcta dirección, que es vivir de cara a Dios, según los criterios indicados por Jesucristo en el Evangelio.

En el capítulo 25 del Evangelio de Mateo encontramos la narración del juicio final, maravillosamente plasmado en el fresco de Miguel Ángel que se encuentra en la Capilla Sixtina. Este pasaje del Evangelio es una gran llamada a la esperanza. Dios es misericordioso y quiere que todos sus hijos se salven y alcancen la plenitud de vida que les tiene preparada. Porque Dios es el sumo Bien y el bien es difusivo por sí mismo; es su razón de ser. “Bonum est diffusivum sui”, dice la metafísica clásica. “Dios es caridad”, es decir, don gracia, generosidad, desinterés puro, gratuidad pura. Y tiene un Reino –o un gran banquete, según otras imágenes bíblicas- para todos sus hijos. Pero les pide que opten por el bien y no por el mal, que sean misericordiosos con todos, sobre todo con los más débiles, como Él es misericordioso.    

El cristianismo tiene muy presente el drama de la condición humana. Blas Pascal lo comprendió con claridad y afirmó que la verdadera sabiduría del ser humano consiste en darse cuenta de que es un ser de “contradicciones”, y en conocer la propia grandeza y también la propia miseria, viviendo a la espera de la gracia de Dios. El creyente cristiano sabe que hasta ahora “todo el universo gime y sufre dolores de parto” (Rm 8,22) y que el mismo hombre gime en su interior en la lucha para optar por el bien y no por el mal.

Dios nos promete su misericordia y su Reino si, en uso de nuestra libertad, optamos por la práctica del bien. Por reducir  a ceniza nuestra particular feria de las vanidades y por recoger la harina de las obras buenas. He aquí el principal programa de la Cuaresma que os propongo.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa