Las Jornadas Mundiales de la Juventud, obra de Juan Pablo II

       En este tercer domingo de Pascua leemos en la eucaristía la narración de los discípulos de Emaús. A la luz de esta página evangélica, me voy a referir a un acontecimiento que vamos a vivir el próximo verano: La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), cuyos actos principales, Dios mediante, presidirá el Papa en Madrid del 18 al 21 del próximo mes de agosto. Como es sabido, del 12 al 15 de agosto, se celebrarán las llamadas “Jornadas en las diócesis”, días en los que numerosas diócesis, entre ellas también la nuestra, reciben a grupos de jóvenes que, de camino hacia Madrid, entran en contacto con la realidad de una Iglesia local y con sus comunidades, su historia y su cultura. Y sobre todo con los jóvenes cristianos. Estos intercambios son una esperanza hacia un futuro de amistad y comprensión entre todos los pueblos.

     Animo, por ello, a la Delegación de Pastoral de Juventud de nuestra diócesis, a continuar en el trabajo que ya está realizando desde hace meses para preparar una buena acogida a los jóvenes de todo el mundo que vendrán a nuestra diócesis, tarea en la que se manifestará nuestra actitud hospitalaria y acogedora, en colaboración con las restantes diócesis catalanas.

     El pasado domingo hemos vivido el gran acontecimiento de la beatificación de Juan Pablo II. Como un eco de ese hecho, deseo subrayar, en esta primera comunicación sobre la próxima JMJ que esta iniciativa fue obra del beato Juan Pablo II y una aportación suya a la Iglesia y al mundo.

     Juan Pablo II siempre confió en los jóvenes y les otorgó un gran protagonismo en la vida de la Iglesia y en su misión evangelizadora. Al cabo de los años ha cobrado mucha fuerza significativa y profética un gesto espontáneo en el inicio de su pontificado. Era el domingo 22 de octubre de 1978. Al terminar la solemne misa de inauguración de su ministerio de sucesor de Pedro, recitó con todos los presentes en la plaza de San Pedro la plegaria del ángelus y les dirigió unas palabras. Al final, improvisó unas palabras para los jóvenes presentes, que no cesaban de aclamarlo: “Vosotros sois el futuro del mundo, la esperanza de la Iglesia. Sois mi esperanza”.

     Los hechos irían confirmando estas palabras. En 1984 invitó a los jóvenes de todo el mundo a celebrar el Jubileo Internacional de la Juventud en Roma, el domingo de Ramos, 14 de abril. La respuesta fue espectacular y asombrosa. El año siguiente, 1985, fue declarado por la Organización de las Naciones Unidas como el Año Internacional de la Juventud, lo cual constituyó la ocasión de otro gran encuentro del Papa con los jóvenes y de la publicación de una Carta apostólica a los jóvenes y las jóvenes del mundo, un texto extraordinario que mantiene toda su vigencia. Y el 20 de diciembre de aquel mismo año, anunciaba la creación de las JMJ. Como es sabido, el Santo Padre Benedicto XVI ha dado continuidad a este legado y  lo ha integrado en su programa pastoral con un carisma y un estilo propios.

     La JMJ ha de ser considerada desde la perspectiva  de la peregrinación de la fe. Los jóvenes periódicamente son invitados a convertirse en peregrinos por los caminos del mundo y a construir puentes de fraternidad y de esperanza entre personas, pueblos y culturas. Animo a todos mis diocesanos a trabajar para que las jornadas previas en nuestra diócesis y los días centrales de la próxima JMJ puedan ser para muchos jóvenes un auténtico encuentro con Cristo y con los hermanos en la fe. Y así puedan decirse lo que se dijeron los dos  discípulos de Emaús: “¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32).

       + Josep Àngel Saiz Meneses 

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa