Las lecciones de la Historia

            El pasado mes de julio se cumplió el centenario del comienzo de la llamada Gran Guerra. El 20 de junio de 1914 el archiduque y heredero del trono del Imperio Austro-húngaro y su esposa fueron asesinados en Sarajevo. Este acto fue el detonante que, un mes más tarde, llevó al estallido de la llamada Primera Guerra Mundial. El Papa Benedicto XV hizo todo lo posible para evitarla, pero no fue posible. Se preveía que la conflagración sería corta, pero duró cuatro años y se calcula que provocó 20 millones de muertos entre militares y civiles. Fue una gran mortandad.

            En la alocución del angelus del 27 de julio el Papa Francisco invitó a todos a aprender las lecciones de la Historia y calificó la gran Guerra como una “masacre inútil” que causó millones de muertos y destrucciones inmensas. Acto seguido pidió que “no se repitan los errores del pasado, sino que se tengan presentes las lecciones de la Historia, haciendo que prevalezcan siempre las razones de la paz mediante un diálogo paciente y valiente”.

            Los papas de nuestro tiempo han sido grandes defensores de la paz. Y el Papa Francisco se ha situado en esta misma línea. Pablo VI instituyó la Jornada Mundial de la Paz, que se celebra el día primero de año, como para institucionalizar esta preocupación –hecha plegaria a Dios y llamamiento a la buena voluntad de los hombres- por evitar la guerra y consolidar la paz.

            Los últimos meses del año que acaba hemos asistido a conflictos bélicos en diversos países, sobre todo en Oriente Próximo –entre israelíes y palestinos- y en Irak, Siria y Ucrania. Conflictos que obligan a hacerse la eterna pregunta: ¿No se podían haber evitado? Realmente, ¿no era posible la paz?

            Cuando se han cumplido cien años de la Gran Guerra, invito a todos a secundar –sobre todo ante la Jornada Mundial de la Paz del próximo jueves- a unirnos a la plegaria del Papa para que el Señor conceda a las poblaciones y a las autoridades de las zonas citadas –y de todas aquellas que albergan conflictos susceptibles de acabar en enfrentamientos violentos- “avanzar con determinación en el camino de la paz, afrontando toda diatriba con la tenacidad del diálogo y de la negociación y con la fuerza de la reconciliación. Que en el centro de cada decisión no se pongan los intereses particulares, sino el bien común y el respeto a toda persona”.

            Entre los muchos reportajes sobre la Gran Guerra de los años 1914 y siguientes, me ha impresionado uno que explica que, entre las trincheras, las campanas de Navidad se hicieron oír en medio de los tambores de guerra. En la Navidad del 1914 los combatientes se habían estancado en una terrible guerra de trincheras, que se extendía sobre todo en tierras belgas. Pero entre trincheras se oyeron los cantos del “Noche de paz”  y otros cantos de los países de los combatientes. Parece que algunos soldados valerosos se atrevieron a saltar a la temible “zona de nadie”, entre las dos trincheras, y en algunas zonas se llegó a intercambiar comida y cigarrillos. Al parecer, esta tregua espontánea se alargó en alguna zona hasta el día del Año Nuevo. Los estados mayores de los dos ejércitos, sabedores de lo sucedido, ordenaron  que no se repitiera. Pero el signo ya estaba dado, para aquel momento y para el futuro.

Roguemos por la paz y trabajemos a favor de ella.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

 

Obispo de Terrassa   

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa