Las situaciones de pobreza en la diócesis.

Entre los retos a los que la diócesis ha de dar respuesta, retos que comento en el capítulo tercero de la carta que acompaña al Plan Pastoral, no podíamos olvidar las situaciones de pobreza, que no se dan sólo en el llamado Tercer Mundo sino también entre nuestras sociedades desarrolladas y que acostumbran a recibir el nombre de Cuarto Mundo, es decir, el mundo de la pobreza en el interior del mundo rico.
 No hablamos de un colectivo pequeño numéricamente. Según Càritas, en España hay aproximadamente 8 millones de pobres. Y no es sólo la cifra global lo que nos ha de mover a actuar para paliar la pobreza de las personas; cada persona individual que pasa necesidad ha de merecer nuestra atención. Además, en nuestro Occidente rico cada vez hay más situaciones de pobreza por la soledad y la falta de afecto, de energías físicas, de futuro, de sentido…
 Nuestra diócesis quiere vivir y trabajar bien abierta a la Iglesia universal, y de manera especial en comunión afectiva y efectiva con la Iglesia de Roma y con su obispo i sucesor de san Pedro. Pues bien, Benedicto XVI nos ha dado una verdadera carta magna del amor y de la solidaridad hacia los necesitados en su primera encíclica Dios es amor. Todo el contenido de la encíclica, y de manera especial la segunda parte, está en el trasfondo del tema de las pobrezas y de la acción de la diócesis de Terrassa con el fin de paliarlas.
 La Iglesia ha de ser una comunidad de amor, la Iglesia universal y cada una de las Iglesias particulares, o Iglesias locales, reunidas entorno al obispo, a los presbíteros, a los diáconos y a toda la comunidad. San Ignacio de Antioquia, el gran obispo mártir del siglo II, escribió, dirigiéndose a la Iglesia de Roma, que  “preside en la caridad”, es decir, que en ella se vive, desde el obispo hasta los presbíteros y diáconos y toda la comunidad, la práctica del mandamiento del amor cristiano, convertido en gratuidad, donación y atención práctica a sus miembros más débiles, los huérfanos, las viudas, los pobres de todas clases…
 Pues bien, esta afirmación de san Ignacio ha de poder hacerse de toda Iglesia local y también de la nuestra. El amor hacia los necesitados y las acciones consecuentes para poner remedio a sus necesidades no son sólo una acción de suplencia o de sustitución, como puede suceder a veces a causa del hecho de que los servicios públicos no llegan a todas las necesidades. Para la Iglesia, actuar así, realizar estas acciones es algo esencial y forma parte de su naturaleza íntima. Benedicto XVI ilustra esto en su carta encíclica con ejemplos muy sugestivos, como el testimonio de un emperador romano muy poco amable con la Iglesia, Juliano, llamado el Apóstata, pero que en una de sus cartas dice que el único aspecto que le impresiona del cristianismo es la actividad caritativa de la Iglesia (Deus caritas est, n. 24).
 Es para mí muy grato poder dejar constancia de la labor de las Cáritas de nuestro obispado, la diocesana y las parroquiales, que se merecen que sea reconocido su buen trabajo. Un trabajo hecho, en gran parte, gracias a la colaboración de voluntarios, hombres y mujeres, cristianos y cristianas solidarios que tienen la generosidad de pensar y trabajar por los más necesitados.
 Ellas y ellos son una expresión concreta del amor de Dios. Un amor recibido, compartido y proyectado, que busca el bien de la Iglesia –haciendo que ésta cumpla la palabra de Jesucristo- y el bien de todo ser humano que encontramos en nuestro camino.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa