Llamada a vivir la esperanza

Un año más nos encontramos en el inicio del año litúrgico, el tiempo de Adviento. Es propio del Adviento celebrar y fomentar la esperanza. Preparar la celebración de la venida del Señor en la carne –la Navidad- nos puede ayudar a vivir la virtud de la esperanza.

Si vivir la esperanza siempre es un reto, todavía lo es más en la situación social actual. La crisis económica se prolonga y afecta a muchas personas y a muchas familias. Las Cáritas –diocesana o parroquiales- son, en este punto, un observatorio que no engaña. En el ambiente general de la sociedad no se respira esperanza. Ni tan siquiera se detecta optimismo, que es algo que no debiera confundirse con la esperanza.

A pesar de todo, en este escrito, yo quisiera hacer una llamada a vivir la esperanza. Una invitación a no dejarnos llevar hacia el desánimo y el desánimo. Jesús, en el evangelio de este primer domingo de Adviento, habla a partir de la realidad, y de una realidad dura, pero lo hace para ayudarnos a mirar hacia un futuro que ya es de Dios. Podemos, por tanto, tomarlo como modelo para afrontar el futuro sin taparnos los ojos para ver la realidad.

El acento de San Lucas –el evangelista de este ciclo de lecturas de la Biblia que hoy iniciamos- no es el miedo, sino la valentía y el estímulo porque “se acerca vuestra liberación”. Mientras esperamos tal liberación recibimos una llamada: “levantaos” y “alzad la cabeza”. La expectativa no es de angustia y de desánimo, sino de confianza y de alegría.

Hemos de poder vivir así en nuestra vida personal y en la sociedad y en la Iglesia de hoy. Ante la crisis económica, laboral, cultural, familiar y religiosa, podemos pasar de una fase de oscuridad e incertidumbre a otra en la que, purificados y renovados, podamos alegrarnos con el gozo que nace del discernimiento y la conversión. De ello hablaremos durante este Adviento.

El evangelio de hoy, no obstante, ya nos invita a velar y a rezar, que es lo mismo que decir que nos invita a mirar nuestra vida con los ojos de la fe y a permanecer fieles a la oración, expresión y respiración de la fe. La esperanza derrama su luz sobre nuestra existencia y la oración es como el aceite que alimenta la antorcha de la esperanza.

Entremos, pues, animosos al Adviento, este tiempo litúrgico que fortalece nuestra confianza en nuestro Dios que es fiel y nunca defrauda a los que en él confían. Un signo de este tiempo es “la corona de Adviento”, la simbología de la cual –con el círculo y la luz- es una clara alusión a la luz de la fe que nos guía hacia la vida plena, hacia la vida eterna. Benedicto XVI quiso dedicar a la esperanza su segunda encíclica, Spe salvi, esto es, “hemos sido salvados en esperanza”, tal como dijo san Pablo a los Romanos (Rm 8,24), y también nos lo dice hoy a nosotros. El Santo Padre, en su carta hizo estas dos afirmaciones fundamentales que propongo a la reflexión de los cristianos en este Adviento de 2009: “Quien no conoce a Dios, aunque tenga muchas esperanzas, de hecho está sin esperanza”. Y ésta otra: “La esperanza no es para el cristiano un simple deseo, sino que es una Persona, Jesucristo”.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa