María, madre de la Palabra de Dios

      El segundo capitulo de la exhortación apostólica de Benedicto XVI sobre la Palabra de Dios está dedicado a “la respuesta del hombre al Dios que habla”. Es una síntesis teológica fundamental sobre la fe, como respuesta libre del hombre a Dios, lo que permite a éste entrar en diálogo con su mismo Creador.

     El Papa, a partir del tema de la fe como respuesta a la Palabra de Dios, plantea una cuestión que le preocupa mucho y que está en el centro de sus enseñanzas, sobre lo cual también habló en su reciente viaje a Santiago de Compostela y Barcelona. “En nuestra época –dice- se ha difundido lamentablemente, sobre todo en Occidente, la idea de que Dios es extraño a la vida y a los problemas del hombre y, más aún, de que su presencia puede ser incluso una amenaza para su autonomía”. Frente a este pensamiento el Papa recuerda que toda la historia de la salvación muestra que Dios habla e interviene en la historia a favor del hombre y de su salvación integral.

     Y acto seguido expresa una preocupación muy propia de un pastor de las comunidades cristianas al decir: “Por tanto, es decisivo desde el punto de vista pastoral mostrar la capacidad que tiene la Palabra de Dios para dialogar con los problemas que el hombre ha de afrontar en la vida cotidiana. Por eso, debemos hacer cualquier esfuerzo que sea necesario para mostrar que la Palabra de Dios es una respuesta a nuestros interrogantes, es un ensanchamiento de los propios valores y, a la vez una satisfacción de las propias aspiraciones” (n. 23).

        Y el Papa ha escogido para este capítulo una cita de un autor muy querido por él, el franciscano San Buenaventura, al que dedicó su tesis doctoral. La cita es de la obra llamada Breviloquium y dice así: “La Sagrada Escritura es precisamente el libro en el que están escritas palabras de vida eterna para que no sólo creamos, sino que poseamos también la vida eterna, en la que veremos, amaremos y serán colmados todos nuestros deseos”.

     Cierra este capítulo una referencia a Santa María, como Mater Verbi Dei y Mater fidei, es decir “Madre de la Palabra de Dios” y “Madre de la fe”. Si el pecado es el rechazo de la Palabra y del diálogo con Dios, María es el icono perfecto de todo lo mejor que comporta el hecho de acoger la Palabra.. Todo el documento del Papa tiene una entrañable dimensión mariana. El Papa no ahorra los títulos a la Madre de Jesús, a la que da también el título tan pascual de “Madre de la alegría”. Al mismo tiempo, recomienda a los teólogos que profundicen en la relación entre María y la teología de la Palabra y a todos los fieles les pide que valoren y sean asiduos en dirigirse a ella con las plegarias tradicionales de los cristianos de Oriente y de Occidente: el ángelus, el rosario y el himno llamado Akátistos.

     María, por su íntima relación con Jesucristo, se encuentra también en el centro más íntimo de la verdad cristiana. Y, con frase magistral, el Papa teólogo, lo reafirma con esta bella expresión: “En realidad, no se puede pensar en la encarnación del Verbo sin tener en cuenta la libertad de esta joven mujer, que con su consentimiento coopera de modo decisivo a la entrada del Eterno en el tiempo. Ella es la figura de la Iglesia  a la escucha de la Palabra de Dios que en ella se hace carne” (n. 27).

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa