Mensaje de esperanza desde Fátima

    Creo que Benedicto XVI no olvidará el viaje que realizó a Portugal y en especial al santuario de Fátima del 11 al 14 del pasado mes de mayo. Durante esta visita apostólica, la primera que realizaba como Papa a Portugal, ha brillado con luz propia el espléndido magisterio de un Pontífice teólogo prestigioso, pero que se rinde con sincera humildad ante la fe, la esperanza y el amor de unos pastorcillos.

      Quien se acerque con una lectura atenta a las palabras del Papa en Fátima descubrirá sin duda al más genuino Benedicto XVI. Descubrirá al teólogo, pero sobre todo descubrirá al pastor. Y más íntimamente, podrá descubrir al creyente, al Papa profundamente devoto de la Santísima Virgen.

      Ya en el avión que le conducía a Lisboa, en respuestas a las preguntas de los periodistas, además de unas profundas palabras sobre la necesaria purificación de la Iglesia –que ya comenté en otro de estos escritos-, propuso unas reflexiones que en cierta manera resumían sus enseñanzas en el viaje. “En una palabra –les dijo-, debemos volver a aprender estas cosas esenciales: la conversión, la oración, la penitencia y las virtudes teologales”.

      Pero añadió unas palabras que merecen destacarse porque nos dicen –frente a las afirmaciones de que el suyo sería un pensamientos pesimista- que siempre es posible la esperanza, porque el Dios que es Amor (su primera carta encíclica) es el que tiene la última palabra de la Historia; y además añadió una afirmación muy bella de la Virgen María, que es “el signo maternal de la bondad de Dios”.

     Oigámoslo con sus mismas palabras: “De este modo, somos realistas al reconocer que el mal ataca siempre, ataca desde el interior y el exterior (de la Iglesia), pero también al reconocer que las fuerzas del bien están presentes y que, al final, el Señor es más fuerte que el mal, y que la Virgen, para nosotros, es la garantía visible y maternal de la bondad de Dios, que es siempre la última palabra de la Historia”.

     Hay un vínculo especial de Fátima con Benedicto XVI, como lo había también con Juan Pablo II, que visitó el santuario tres veces y que vio en María la “mano invisible” que desvió el proyectil que le podía causar la muerte en el atentado del 13 de mayo de 1982 en la plaza de San Pedro. El cardenal Ratzinger fue el autor del “Comentario teológico del tercer secreto” que pronunció en el lugar de las apariciones, y en el que afirmó que “el poder de la fe y de la oración son armas poderosas, que pueden influir en la Historia, cosas escondidas y decisivas que son en realidad la fuerza renovadora del mundo”. Es, por ello, un conocedor del mensaje de la Virgen en aquel lugar, en el que, hace 93 años, “el cielo se abrió precisamente en Portugal, como una ventana de esperanza, que Dios abre cuando el hombre le cierra la puerta”.

     El eje central de las enseñanzas del Papa fue la esperanza, tema de su segunda encíclica. Al llegar al aeropuerto de Lisboa se definió

      a sí mismo al decir: “Vengo como peregrino de Nuestra Señora de Fátima, investido por el Altísimo con la misión de confirmar a mis hermanos que peregrinan en su camino hacia el cielo”. Y aquí, el teólogo, sublimado por el alma del pastor de la fe del pueblo de Dios, ofreció una síntesis de su visión de Fátima: “La Virgen María bajó del cielo para recordarnos verdades del Evangelio que son una fuente de esperanza para una Humanidad fría de amor y sin esperanza de salvación”.

     + Josep Àngel Saiz Meneses

     Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa