MIL CIEN AÑOS DE LA PARROQUIA DE PARETS DEL VALLÈS

Una parroquia de nuestro obispado, la de Sant Esteve de Parets del Vallès, celebra los mil cien años de vida. Este hecho tiene una significación para esta comunidad cristiana, pero también la tiene para toda nuestra diócesis, tan joven todavía, pero a la vez con unas raíces tan antiguas. Hace unos años, los obispos catalanes publicaron un documento que ha tenido mucha resonancia, que se titula Raíces cristianas de Cataluña.

También nuestro joven obispado de Terrassa tiene unas raíces muy antiguas. Según un estudio reciente, que será publicado pronto, en el siglo X nuestro obispado tenía ya más de 30 parroquias creadas. Según parece fueron las iglesias rurales las primeras destinadas a ser parroquias. Las urbanas son posteriores a las rurales. Las parroquias nacieron ante el hecho de las invasiones: primero de los bárbaros y después de los sarracenos. Que en el siglo X nuestro obispado tuviera 35 parroquias constituidas nos lleva a una afirmación bien fundamentada: nos encontramos ante unas iglesias que tienen sus raíces en la Iglesia visigótica.

Nosotros -las comunidades cristianas de hoy- somos herederos de este pasado. Pero no nos podemos en absoluto quedar en el pasado, en un tipo de actitud arqueológica y nostálgica, como si todo lo que queremos hacer y esperar de cara al futuro se encontrara solamente en nuestro pasado. Eso no quiere de ninguna manera desmerecer la necesidad de conocer nuestra historia. Todo lo contrario. El conocimiento del pasado ha de inspirar nuestro compromiso como cristianos en el presente y nos tiene que proyectar hacia el futuro, en la medida en que esté en nuestras manos prepararlo. Y una manera de prepararlo es, en el presente, vivir nuestro compromiso cristiano con suficiente consistencia personal, social y de país.
En un mundo globalizado, en el cual todo cambia con gran rapidez, en el que aumenta la complejidad de nuestra sociedad, ante una pluralidad de universos mentales, hacen falta más que nunca creyentes de fuertes convicciones. No para llevar a enfrentamientos y más conflictos, sino para construir una auténtica civilización de la convivencia. Esta civilización de la convivencia no se puede fundamentar en la irresponsabilidad, en la negación de los valores. Lo que necesita es convicciones sólidas y paciencia constructiva. Éstos son algunos de los retos de esta hora. Algunos los he comentado estas últimas semanas hablando de la inmigración. Unas reflexiones parecidas se podrían hacer ante otras realidades.

También la celebración jubilosa de más de un milenio de una parroquia, como es el caso de la de Parets del Vallès, nos invita a una reflexión y a un compromiso. Santa Teresa de Jesús hablaba de tiempos recios. También los nuestros lo son. Para los tiempos difíciles y a la vez interesantes, ella pedía amigos fuertes de Dios. Eso es lo que necesitamos: creyentes convencidos, injertados de una vivencia mística de la fe y dispuestos a vivirla y a dar testimonio con aquella constancia, paciencia y creatividad que san Pablo pedía a su discípulo y obispo Timoteo, que hemos recordado en la liturgia de estos domingos.

+ Josep Àngel Saiz Meneses, Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa