Minorías creativas

Nos encontramos en un momento histórico de profundas transformaciones. Por citar sólo algunos hechos, estamos inmersos en la globalización, en una continua evolución cultural. Asistimos a unos flujos migratorios de naturaleza económica y a unos desplazamientos a causa de los conflictos bélicos, sin precedentes, que seguramente, influirán en la configuración futura de nuestros pueblos, ciudades y países. Por otra parte, además de la influencia que tradicionalmente ejercían los medios de comunicación, tenemos que añadir ahora la irrupción poderosa de las nuevas tecnologías. Cuando los adultos apenas distinguimos entre Twenty, Facebook o Twitter, los jóvenes nos dicen que ya estamos desfasados, y que ahora se habla más de Instagram o Snapchat, o más recientemente de la captura de pokémons. Y es que los más pequeños de la casa dominan estas tecnologías que da gusto. No hace falta ser un experto en pedagogía para darse cuenta de que se está produciendo una auténtica revolución digital que influye también en la configuración de la mente de las personas.

Y al mismo tiempo que nos vamos adaptando a las nuevas situaciones, asistimos a diferentes espectáculos políticos que nos producen una gran perplejidad. Quizás nos encontramos ante un cruce especialmente difícil. Ahora bien, sería una lástima que cuando la democracia representativa del país se ha consolidado en las últimas décadas y han tenido lugar progresos en el orden social, económico y cultural, la ciudadanía pudiera acabar en el más absoluto desencanto respecto a los políticos y gobernantes, más aún agravado por los casos de corrupción. Ciertamente la política es un "arte nobilísimo", y el poder ejercido como servicio a los demás, ennoblece y dignifica; en cambio, si se ejerce como dominio o buscando sólo el beneficio propio, deshumaniza y degrada. Como señaló acertadamente Winston Churchill: "El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones".

Pienso ahora en los pueblos y ciudades del Vallès Occidental y el Vallès Oriental, que conforman nuestra diócesis egarense, con tanto potencial en todos los sentidos; pienso en Cataluña, tierra de acogida, de encuentro de culturas, de mestizaje, con sus raíces cristianas. Pienso en España, en Europa, en el mundo entero. Según afirmó Václav Havel, político, escritor y primer presidente de la República Checa, "la dictadura se basa en la mentira y si la mentira fuera superada, si nadie miente más y si la verdad saliera a la luz, entonces tendríamos libertad". Y es que sólo se puede construir el futuro sobre la verdad y el amor, sobre la justicia y la solidaridad, no buscando el propio interés, sino el bien común, desde el diálogo, desde una cultura del respeto y del encuentro.

Pido especialmente en estos días a Dios que estos principios inspiren siempre la tarea de nuestros políticos y gobernantes, y que tengan miras bien altas, más allá de los intereses personales o partidistas. Y que conste que no lo hago desde la ingenuidad o el buenismo, sino desde la esperanza profunda en el ser humano. Como ya dijimos los Obispos de Cataluña en el documento "Al servicio de nuestro pueblo", no corresponde a los obispos optar por propuestas concretas a los retos nuevos que se nos presentan en diferentes ámbitos; eso sí, defendemos la legitimidad moral de todas las opciones políticas que se basen en el respeto de la dignidad inalienable de las personas y de los pueblos y que busquen con paciencia la paz y la justicia (núm. 5). Es el momento de las personas creativas, que conformando "minorías creativas", sean capaces de renovar y regenerar la sociedad en los ámbitos sociales, culturales y espirituales.

+ Josep Àngel Saiz Meneses Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa