Mis visitas a la cárcel de Quatre Camins

Hoy celebramos la fiesta de la Virgen de la Merced, princesa y patrona de Barcelona, patrona también de las instituciones penitenciarias y madre protectora de los privados de libertad. Hoy presidiré la celebración de la Eucaristía en el centro penitenciario de Quatre Camins, algo que en la fiesta de la Merced y en Navidad vengo haciendo desde la creación de nuestra diócesis. El próximo día 7 volveré porque tendrá lugar la XIII Jornada de Pastoral Penitenciaria de Cataluña. Hay dos frases de Jesús en el evangelio que responden y fundamentan el porqué de estas visitas: “Estuve en la cárcel, y vinisteis a verme” (Mt 25, 35-36); y “Cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt 25, 40).
Mi última visita fue larga e intensa, pasando por todos los departamentos y saludando a todos cuantos internos nos esperaban en cada sala. Al final, celebramos la Eucaristía, sacramento de nuestra fe, actualización del sacrificio redentor del Señor y ocasión para ofrecer con el pan y el vino cada una de aquellas vidas, por duras y rotas que puedan ser y parecer. Hoy quiero enviar un saludo a todos los presos y también a sus familias. Una palabra de agradecimiento a la dirección y funcionarios de Quatre Camins por su trabajo y por la acogida que siempre nos dispensan. También quiero expresar mi gratitud y reconocimiento al capellán y los sacerdotes que colaboran y a todos los voluntarios. Entre todos procuran atender a los presos para que puedan reinsertarse en la sociedad y también procuran llevar una palabra de esperanza; más aún, procuran hacer presente el Evangelio en el interior de aquellos muros.   
Os aseguro que no es nada fácil predicar en una cárcel en Navidad o en la Fiesta de la Virgen de la Merced. No vale repetir unas frases hechas o un discurso formal, se trata de ofrecer una palabra que llegue al corazón desde la verdad y la coherencia. Yo procuro insistir siempre en algunas verdades fundamentales y recordarles “que Dios es Padre de todos y los ama, que Cristo se hace cargo de la situación de cada uno, que tiende la mano para ayudar a levantarse como hizo con María Magdalena, con Zaqueo, con todas las personas que se cruzaban en su camino hace 2.000 años. Que pidan un perdón sincero por las equivocaciones del pasado pero que no se bloqueen en el presente y, sobre todo, que desarrollen todas las posibilidades que puedan”.
Ojalá que entre todos se consiga crear un clima de humanidad, de respeto a la dignidad humana, de crecimiento personal, de superación de desesperanza, de encuentro con Cristo y con los demás. Aunque suene a ingenuidad y a utopía, esos son los objetivos de estas instituciones y no podemos caer en el conformismo ni perder la confianza en el ser humano. Eso sí que significaría perder la batalla. Como Pedro y Juan en los Hechos de los Apóstoles, no podemos ofrecer el oro o la plata de una solución humana a su situación, ni podemos entrar en consideraciones sobre culpas, sentencias ni actuaciones de la justicia. Lo que sí podemos hacer es ofrecer una palabra de aliento, un gesto de solidaridad, una atención pastoral que los ayude a rehacer sus vidas. Lo que sí podemos es ayudarlos a vivir la fe, el encuentro con Cristo que salva, que transforma la vida incluso en los muros de una prisión, que nos enseña a todos a vivir como hermanos.

+Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa