Motivos de esperanza en el camino de la unidad.

Cada año, del 18 al 25 de enero, las Iglesias y confesiones cristianas celebramos la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos, una iniciativa que viene de lejos, ya que este año celebra su primer centenario. El lema escogido para este año son estas palabras de la Sagrada Escritura: “Orad constantemente” (1Te 5,17). Quizá alguno pueda preguntarse: dado que el camino del ecumenismo o la meta de la unidad y la plena comunión parece que es un camino muy largo, ¿tiene sentido nuestra oración por la unidad?
Deseo responder con unas palabras de Benedicto XVI en su reciente carta encíclica Spe salvi, cuando habla de los lugares del aprendizaje y del ejercicio de la esperanza. Dice textualmente: “Un lugar primero y esencial de aprendizaje de la esperanza es la oración” (n. 32). Por lo tanto, hemos de acoger y practicar, especialmente durante los días del octavario por la unidad, la oración confiada. El establecimiento de unas nuevas relaciones entre todos los cristianos e incluso entre las diversas religiones ya es un hecho. Y esto es un don de Dios y una realidad muy positiva para las Iglesias, las religiones y el mundo. Porque la paz entre las religiones es un factor importante para la paz. Necesitamos, pues, orar confiadamente y trabajar para que entre todos podamos avanzar por este camino.
Todos los cristianos hemos de estar dispuestos a acoger las recomendaciones que nos hace san Pablo en el texto del que ha sido escogido el lema de este año. Creo que es bueno situar el lema en su contexto, dentro de la carta a los cristianos de Tesalónica, en la que el gran apóstol de los gentiles dice: “Os pedimos, hermanos… Vivid en paz unos con otros. Os exhortamos, asimismo, hermanos, a que amonestéis a los que viven desconcertados, animéis a los pusilánimes, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos. Mirad que nadie devuelva a otro mal por mal, antes bien, procurad siempre el bien mutuo y el de todos. Estad siempre alegres. Orad constantemente. En todo dad gracias, pues esto es lo que Dios, en Cristo Jesús, quiere de vosotros.” (1Te 5,12-18)
También me parece oportuno recordar unos hechos que nos han de invitar a dar gracias a Dios y a poner nuestras actuaciones al servicio de la unidad entre los cristianos. La última reunión de todos los cardenales con el Santo Padre, el pasado 23 de noviembre, estuvo centrada sobre todo en el ecumenismo, con una ponencia del cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El cardenal indicó tres ámbitos principales en el ecumenismo: las relaciones con las antiguas Iglesias de Oriente o Iglesias ortodoxas, las relaciones con las comunidades eclesiales nacidas de la Reforma del siglo XVI y las relaciones con los movimientos carismáticos y pentecostales.
“El ecumenismo –dijo el cardenal- no es una elección opcional sino una obligación sagrada. El resultado más significativo de los últimos decenios no son los diversos documentos sino la reencontrada fraternidad, el hecho de que nos hayamos redescubierto como hermanos y hermanas en Cristo, que hayamos comenzado a apreciarnos los unos a los otros y hayamos comenzado juntos el camino hacia la plena unidad.”
“En el futuro –concluyó el cardenal Kasper- el diálogo teológico tendrá un papel esencial, pero sólo será fecundo si es sostenido por un ecumenismo de la oración, de la conversión del corazón y de la santificación personal. El ecumenismo espiritual es el alma del movimiento ecuménico.” Estas palabras me parecen muy oportunas cuando nos disponemos a celebrar el primer centenario de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa
  

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa